A ponerse de acuerdo

MARÍA JULIA POU

Días pasados el país presenció -vivió- cómo el Poder Legislativo actuaba con respecto a la ley de salud reproductiva. Esta circunstancia ya se vivió en la pasada legislatura con la diferencia que en esta oportunidad fue el Presidente quien definió el tema vetando la norma que había sido aprobada por ambas cámaras.

Queremos compartir hoy varias reflexiones en la esperanza que nos ayuden a avanzar en una dirección en la que podamos encontrarnos todos, los que votaron, los que no lo hicieron y quienes firmaron para vetar la ley.

Una aseveración compartida: nadie está a favor del aborto. Conocemos los daños físicos y morales que deja en la mujer la circunstancia de terminar con una vida que empieza en sus entrañas. Especialmente preocupantes son las secuelas que quedan en las adolescentes que se inician en su sexualidad tempranamente -demasiado- y que les determina en la mayoría de los casos el comportamiento futuro en un área importante de sus vidas. Pero es cierto que los mensajes "multimedia" que reciben los adolescentes acerca de la sexualidad tienen siempre un sesgo que valora una sola dimensión de ese aspecto de la vida: el placer.

Difícil si no inexistente es el hecho que se les convoque a ejercer la sexualidad con responsabilidad y con la información necesaria acerca de las eventualidades que pueden ocurrir. Ni que hablar de mencionar el amor, esa otra dimensión del alma humana a la que se invoca permanentemente pero que suele estar ausente en los planteos acerca del tema que nos preocupa.

Es por todo lo anterior -y mucho más en términos de sufrimiento adolescente y familiar- que nos parece acertada la propuesta de varios actores que en este tema han opinado se debería actuar de forma preventiva, sin perjuicio de la opinión que se tenga con respecto a la ley que acaba de ser rechazada. Pensamos que lo que no tiene ninguna contraindicación es empezar a trabajar ya, metódicamente, informando, realizando talleres a nivel de la enseñanza, intentando -por qué no- ayudar a los padres que muchas veces no saben cómo encarar un tema delicado y que presenta una dimensión un tanto desconocida en sus nuevas formas y manifestaciones.

Les asiste razón a quienes dicen que la sociedad actúa por impulsos en este tema: no parece lógico seguir actuando como bomberos en un tema que llegó para quedarse. Que no nos pase que esperemos a una nueva iniciativa legislativa -que va a llegar- para ponernos a trabajar en lo que todos coincidimos: nadie está a favor del aborto. Dejémonos de decir que los jóvenes son el futuro del país: son el presente y es hoy que hay que ocuparse de ellos pues en el futuro ya habrá otros jóvenes con otros problemas a quienes no sería bueno seguir diciéndoles que son el futuro...

Tengo la impresión que a veces nos resulta más fácil demonizar al que piensa distinto -conservador, retrógrado, liberal- que buscar el punto de articulación que nos permita elaborar políticas de estado en temas como este en el que lo que es seguro es que nadie cree que la mejor opción sea el aborto. Allí están los instrumentos: la enseñanza, los padres, los medios, la ciencia. No le temamos a la coincidencia en un aspecto del tema, es valiosa y no implica que no podamos seguir discrepando en otra dimensión del problema.

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