HOUSTON
Con una velocidad de 27.000 kilómetros por hora en la órbita terrestre, el transbordador Endeavour se dirigía ayer en la estación espacial internacional, a fin de dejar a un nuevo inquilino y convertir la plataforma en una residencia con dos cocinas, dos baños y cinco alcobas.
Mientras el Endeavour se acercaba a la estación a un ritmo de unos 965 kilómetros con cada órbita que completaba alrededor del planeta, los ingenieros en tierra revisaban las imágenes tomadas en el lanzamiento del viernes por la noche, para determinar si algún escombro dañó la nave.
Desde el desastre del Columbia en 2003, se realizan inspecciones de rutina luego de los despegues de los transbordadores, por lo que los astronautas revisan el escudo de calor en busca de daños.
Se hallaron al menos dos fragmentos, pero el control de misión le informó a los siete tripulantes del Endeavour que no había indicios de daños obvios.
"Es la víspera del espectáculo. Todos descansen. Vamos a tener un gran día mañana", dijo el comandante de la estación, Mike Fincke, la noche del sábado. Los encargados del vuelo pensaron al principio que uno de los fragmentos podría haber sido una tira estrecha del recubrimiento térmico que fue arrancado de la nave durante el despegue, pero las imágenes revisadas no encontraron daños aparentes, dijo el director de vuelo Mike Sarafin.
Los analistas continuarán revisando imágenes de la zona de cola de la nave, cerca del sistema de motores de navegación en órbita del lado izquierdo, antes de llegar a conclusiones.
"La buena noticia es que no es una área preocupante", dijo LeRoy Cain, presidente del equipo de administración de la misión.
En 2003, cuando estalló el Columbia en las maniobras de regreso a tierra, los fragmentos desprendidos del tanque de combustible externo golpearon el transbordador, permitiendo que gases incandescentes penetraran en su interior. Sus siete tripulantes murieron. El Endeavour sería sometido a otra revisión antes de atracar, esta vez con ayuda de los tripulantes de la estación. afp