Sarkozy apuesta al socialismo ante crisis y su popularidad crece al 49%

Cambio. Promesas a trabajadores; presentó un plan de empleos subsidiados

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PARÍS | THE ECONOMIST

Nicolas Sarkozy fue elegido el año pasado, debido a la promesa de poner a los franceses a trabajar de nuevo, hacerles ganar más, terminar la cultura de la asistencia social, alentar el riesgo y premiar los méritos. Pero, tuvo un gran cambio.

Declaró que "el capitalismo liberal terminó" y protestó contra la "dictadura del mercado". Decidió establecer "un fondo nacional estratégico de inversiones" para adquirir partes de empresas francesas, con la finalidad de protegerlas de los predadores extranjeros. Su primer ministro, Francois Fillon, amenazó nacionalizar los bancos, a menos que den mayores préstamos a las empresas. Sarkozy también se comprometió a crear 100.000 empleos subsidiados por el Estado, del mismo tipo que fue promovido por un gobierno socialista anterior, lo que él denunció con vigor durante la campaña electoral.

El salto que dio a la izquierda no pasó inadvertido para los socialistas. Martin Schulz, el alemán que lidera el grupo socialista en el Parlamento Europeo, felicitó al Presidente de Francia por "hablar como un verdadero socialista europeo". Fue una provocación burlona que Sarkozy optó por no ignorar, contrariamente a lo que es su estilo. "¿Me he convertido en socialista?", preguntó. "Quizás". La ambigüedad es tal, que algunos en la izquierda ahora ven la necesidad de recuperar su ideología. Un desafiante Pierre Moscovici, dirigente socialista francés, insistió al diario Le Parisien, en fecha reciente que "Sarkozy no es socialista".

Parte del entusiasmo expuesto por Sarkozy para la intervención del Estado puede explicarse por la crisis financiera mundial.

La pregunta más fascinante es hasta dónde Sarkozy seguirá su retórica de tono izquierda y la convertirá en políticas concretas. Hasta ahora, por motivos más pragmáticos que ideológicos, el Estado francés rescató sólo un banco.

Cuando ArcelorMittal, un gigante de la siderurgia, anunció que cerraría su planta en el Este de Francia, Sarkozy fue rápidamente al lugar a prometer que la mantendría funcionando. La empresa confirmó el cierre parcial y trasladó a casi 600 trabajadores a otros sectores. A comienzos de año. Sarkozy apareció en Boulogn-sur-Mer donde los pescadores estaban furiosos y les prometió una revisión a fondo de las cuotas de pesca fijadas por la Unión Europea. Francia termina su periodo en la Presidencia del bloque a fin de año, pero la promesa no se hizo realidad.

También están los límites que planteó a los salarios de los ejecutivos de empresas. Amenazó con impulsar legislación para aplicar topes, pero ahora acepta una forma de autorregulación en la forma de un código de buena gobernabilidad para las empresas.

Recorre un camino delicado, quizás por estrategia

París | Los observadores más benevolentes definirían el enfoque de Sarkozy como pragmático. Intenta encontrar soluciones y no aplicar la ideología. Si es enfrentado por trabajadores enojados, puede pensar que es capaz de salvar una fábrica o abolir las cuotas de pesca. Pero, en momentos de más calma, prevalece el realismo. Al presentar su programa de empleos subsidiados, Sarkozy declaró: "No podemos actuar de manera ideológica ante el rostro de la miseria humana". En su nueva actitud puede haber una explicación estratégica. Al asomarse la recesión y crecer el desempleo, el Presidente no puede dejar la odisea de los desocupados en manos de la izquierda. También podría ocurrir que quiera usar la intervención estatal en algunas áreas como cobertura política para impulsar políticas más liberales en otras. Recorre un camino delicado. Hasta ahora, los franceses lo respaldan: su popularidad creció ocho puntos hasta llegar al 49%, según la encuestadora Ipsos. THE ECONOMIST

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