"Ahora yo decido qué voy a filmar"

 20081115 Espectáculos 360x500
El País

"Red de mentiras", estreno del próximo viernes, lo reúne por segunda vez con Russell Crowe. En ella, DiCaprio interpreta a un agente de la CIA que al perseguir a un terrorista queda atrapado en un juego de engaños.

Es probable que para una generación de cinéfilos Titanic (1997) definió a Leonardo DiCaprio como el icónico chico de ojos azules, pero en la última década apuntaló aquel éxito temprano con papeles arriesgados en películas sociopolíticas informadas, que podrían haberlo marginado de su base de admiradores. En cambio, con actuaciones matizadas y bien recibidas, siguió siendo una atracción taquillera.

Con tres películas a punto de estrenarse, el actor está más ocupado que nunca. Dos dramas próximos a estrenarse, ubicados en los años `50, Revolutionary Road de Sam Mendes y Shutter Island de Martin Scorsese, están precedidas por Red de mentiras. La película se basa en una novela del periodista David Ignatius.

THE NEW YORK TIMES | GAEL GOHLEN, KARL ROZEMEYER

-La primera vez que trabajó con Russell Crowe usted tenía 18 años, en la película de vaqueros "Rápida y mortal" (1995), con Sharon Stone. ¿Qué tan diferente fue ahora?

-Fue diferente porque creo que, para ambos, fue nuestra primera experiencia trabajando en una película de estudio con una producción de mucho presupuesto. Desde luego que hablo por mí mismo. Recuerdo el caso de Russell, porque acababa de terminar Romper Stomper (1992) y se había hablado de él como el actor fenomenal de Australia que estaba haciendo un trabajo increíble. Creo que Sharon Stone sacó sus antenas, vio nuestras actuaciones y quiso trabajar con nosotros dos. Éramos algo fresco y nuevo en todo el negocio en ese entonces, y estábamos llenos de energía y entusiasmo. Y desde entonces, creo que ambos hemos establecido un buen currículum de trabajo. Fue realmente grandioso reunirnos, aunque sólo fuera por una semana y media en Washington y después un poco más en Marruecos. Considero que él es uno de los actores más talentosos de su generación. Tiene una ética de trabajo increíble, y se tiene que admirar a alguien que realmente toma su trabajo con esa seriedad. Es un gusto trabajar con alguien así y conmigo siempre ha sido un gran tipo.

-¿Cómo compararía a Ridley Scott y a Martin Scorsese como directores?

-Son diferentes. No es que Ridley no sea cuidadoso en lo que hace, pero Marty se concentra mucho en cada cámara, en un momento dado, mientras que Ridley tiene una habilidad innata para editar en su propia mente, simultáneamente con cinco o seis cámaras, y puede tener el tipo de enfoque en el que puede ir de una cámara a otra. Realmente confía en sus instintos, que son fenomenales. Tiene instintos fantásticos cuando se trata de decir: "Está bien, creo en lo que vi en la pantalla" o "No lo creo", y te dice eso y hace cambios inmediatamente. Mientras que trabajar con Scorsese es más intensivo en tiempo. Se toma su tiempo muchísimo más con las escenas: Marty planea muchísimo las tomas en las que ha estado pensando, mientras que Ridley, creo, quiere tener cada posibilidad del día disponible para lo que pueda inventar, no inventar conforme avanza, sino que improvisa cualquier escenario dado o cambia las cosas. -Scott y Crowe habían trabajado juntos en varias ocasiones antes. ¿Qué le pareció trabajar con ellos como equipo?

-Lleno de adrenalina. Es un modo de hacer cine distinto al que estaba acostumbrado. Son únicos en la forma en la que trabajan juntos. Mascullan unas palabras y combinan tres escenas en una sola. Tienen una jerga increíble, es como si instintivamente ya estuvieran de acuerdo y, de repente, cambia una escena. Tienen una rapidez instintiva a la que hay que adaptarse, y a la que no estoy acostumbrado. Cuando se entra en ese ritmo resulta increíblemente agotador pero vigorizante. Hace que pongas toda tu atención y energía en lo que estás haciendo. Eso es lo que veo en su relación cuando están juntos. Son muy profesionales y completamente honestos el uno con el otro, dicen lo que piensan y toman decisiones rápidas. Actúan de manera muy instintiva. Fue una experiencia estimulante después de haber hecho Revolutionary Road, que resultó fascinante e interesante a su manera, pero fue más como una obra de teatro: conversaciones interminables sobre las relaciones de dos personas y lo que estarían pensando realmente, confinadas a una casita en los suburbios. Y un mes después estaba afuera, en Marruecos, con helicópteros disparándome misiles, y gigantescos equipos de técnicos moviéndose de un lado a otro del desierto, enfrentando decisiones en fracciones de segundo. Fue impactante e interesante.

-¿Qué lo atrajo del proyecto, el personaje o el mensaje político de la película?

-Yo diría que todo, y esa es la verdad. Me gustó que fuera una película políticamente pertinente para los tiempos que vivimos, en cuanto a la guerra contra el terrorismo, y simbólica en ciertos sentidos de las relaciones de Estados Unidos con otros países, y de cómo es posible que nos perciban. Y creo, al mismo tiempo, que no toma ningún partido político. Presenta a los espectadores realidades y les permite extrapolar lo que pueden ver. Es posible que algunos la vean en términos de que hacemos algo positivo, otros como completamente negativa y bárbara, pero eso fue lo que me gustó. Pensé que había un cierto nivel de autenticidad ahí, y parece que hubiera ciertos paralelismos con la forma en que Estados Unidos está conduciendo esta guerra. Creo que hay mucha realidad ahí. Claro que es una película y es una situación inventada, pero todas las personas involucradas trataron de hacer la historia tan auténtica como fue posible.

-¿Pasó algún tiempo con agentes reales, en activo o retirados, para ayudarlo a prepararse?

-Tuve unos agentes -no agentes sino un ex jefe de la CIA (quien) seguirá sin tener nombre- que ayudó con un montón de cosas. Ignatius está muy versado en operaciones encubiertas, y me ayudó mucho también porque pasó investigando estas cosas y basó muchas de ellas en hechos e historias reales que escuchó sobre la inteligencia jordana y del Medio Oriente. El tipo conoce su oficio. Pasó años investigando.

- ¿Qué aprendió al hacer esta película?

-¡Qué tan increíblemente complicados estamos en esta guerra! (Ríe). Aprendí que obtener información para una guerra contra el terrorismo es una operación de tipo directo, personal y sobre el terreno. Se piensa en la CIA como en esta fuerza superestratégica de inteligencia que anda por ahí, pero todo se trata de aferrarse desesperadamente a una esperanza, tratando de encontrar una aguja en un pajar -es un lugar común-, tratando de encontrar algún pedacito de información que pueda conducir a otro pedacito de información que puede ser que nunca sirva. O quizá sí. Esa es la idea general. A mí simplemente me parece imposible, y que es un trabajo extremadamente difícil.

-¿Para usted es importante participar en películas que generan debate, como "Diamantes de sangre" (2006) y ahora "Red de mentiras"?

- Sí, en cierto sentido. Pero: a) son muy difíciles de encontrar, b) eso no quiere decir que casi siempre sean sinónimo de historias buenas o películas entretenidas, y c) no siempre significa que necesariamente me encantaría trabajar con el director que está trabajando en ella. Así es que es muy difícil encontrar films como esos. Me encanta hacer películas como esta porque, obviamente, cuando se tratan situaciones que el mundo está enfrentando en este momento y se está tratando con temas que están en la mente de las personas, eso hace que uno se emocione mucho más con el proyecto y dónde encaja históricamente, y cómo, de alguna forma, es una representación de ese período. Hago todo tipo de películas, pero el criterio principal siempre es: "¿Va a ser una buena película?" Es muy simple. "¿Va a ser una buena película que te gustará ver?" Porque, a final de cuentas, se podría hacer un film político tras otro, o una polémica tras otra, y, si es (basura), nadie la ve. (Ríe) Y, entonces, es una pérdida de tiempo. Este es, primero y principalmente, mi criterio para este tipo de películas. Ésta fue un regalo afortunado.

- Hace 10 años, llevaba la etiqueta de "joven rompecorazones" por cortesía de "Titanic." ¿Fue importante para usted tomar decisiones sobre su carrera que lo alejaran de esa etiqueta?

-Aunque probablemente haya gente que no lo perciba así, nunca ha sido una "dirección" consciente en un sentido o en otro. Siempre he querido hacer, este tipo de películas y ahora tengo la oportunidad de seleccionar en una forma que no creo que hubiera tenido cuando era más joven. Realmente, esto es representativo de las películas que siempre he querido hacer desde que tenía unos 15 o 16 años. Supongo que ahora es más un ejemplo de quién quiero realmente ser como actor, y del tipo de películas en las que realmente me interesa participar. Es algo simple: soy hombre, y me gustan las películas algo fuertes.

-¿Con cuáles directores le gustaría trabajar?

-Hay muchos. Ang Lee, Iñárritu, Paul Thomas Anderson. Son tantos. (Walter) Salles es grandioso. También me encantaría hacer algunas películas extranjeras. Depende del material, al final de cuentas. Depende del guión. Siempre es lo primero.

-¿Tres películas seguidas, con poco tiempo para prepararlas, cambió su modo de actuar?

-Hizo que confiara mucho más en mí mismo. Hizo que confiara mucho más en mis opiniones e ideas, porque tengo un proceso interminable de hacer de abogado del diablo todo el tiempo. Una vez que tomo una decisión, trato de analizarla desde una perspectiva diferente y eso puede seguir y seguir cuando se están preparando las cosas. También tiene beneficios: cuando se va a filmar se ha analizado todo ángulo posible para el personaje o de cómo puede resultar la trama. Pero cuando te presentan tres guiones grandiosos que no requieren de tantísimo trabajo, entonces te dices: "Está bien, es hora de tomar algunas decisiones muy rápidas".

Una postergada vocación teatral

Aunque el cine y las cau-sas humanitarias (en particular la ecología) absorben buena parte de su tiempo, Leo DiCaprio reconoce que le interesaría dedicarse también al teatro. En realidad, afirma, todavía no ha tenido una experiencia teatral genuina y le encantaría hacer algo de teatro independiente. Le interesa particularmente el teatro de los años cincuenta (lo que llama "la vieja escuela"), y el primer nombre que surge en sus labios es el de Tennessee Williams.

Su experiencia con el cine ha sido hasta ahora "una montaña rusa que le ha encantado", y eso hizo que dejara el teatro para el momento en que no hubiera una película interesante. Y las películas interesantes han abundado en su carrera, sobre todo en los últimos tiempos. Acaba de hacer tres prácticamente sin parar, una detrás de la otra, cosa que no suele sucederle (prefiere tomarse algún tiempo entre una y otra, para planear las cosas con más calma). Y todo indica que las cosas van a seguir así: actualmente tiene en carpeta una película sobre Theodore Roosevelt, que será dirigida por Martin Scorsese.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar