La primera piedra

GERARDO SOTELO

La Conferencia Episcopal uruguaya ratificó la condena de excomunión, adelantada por el obispo de Montevideo, Nicolás Cotugno, para los legisladores y ciudadanos católicos que apoyen la despenalización del aborto. La Iglesia Católica ha condenado la interrupción voluntaria del embarazo en el entendido de que la vida humana es sagrada desde la concepción. Tal posición llevó a que sus pastores (empezando por el Papa de Roma) se enfrentaran duramente con quienes reclaman para la mujer el derecho a disponer de su cuerpo y promueven, con aceptación creciente, la despenalización del aborto en las primeras doce semanas de gestación.

La posición de la jerarquía católica en defensa de la vida podría ser catalogada de radical al menos por dos razones. La primera, porque rechaza cualquier consideración en torno al aborto; la segunda porque no vacila en excomulgar a todo feligrés que desafíe este mandato. Siendo la comunión la práctica central en la vida de los católicos, la pena es de una severidad mayúscula, a pesar de las atenuantes esbozadas por el vocero de la Conferencia Episcopal, Luis del Castillo.

La defensa radical de los principios suele ser un camino lleno de incomprensión y tribulaciones, cuando no se convierte en un auténtico bumerán. Como los radicales asumen frecuentemente un rol acusatorio, el principismo requiere, además de convicción y coraje, un historial irreprochable, de modo de no quedar entrampados en la telaraña de la incoherencia.

El radicalismo católico en defensa de la vida podría ser respetado, aún en la discrepancia, si se extendiera con igual énfasis al resto de las prácticas criminales. Dejando de lado el prolongado imperio de la Inquisición, que torturó y mató miles de inocentes en nombre de la salvación, cabe preguntarle a la jerarquía católica cómo es posible que aún desoigan el mandato evangélico y se animen a tirar la primera piedra.

¿Fueron alguna vez excomulgados Videla o Pinochet? ¿Lo fueron los tiranos que sembraron de muerte el continente durante décadas, la mayoría de ellos fieles católicos? ¿Lo fue Francisco Franco? ¿No recibe la comunión Christian Von Wernich, el sacerdote argentino condenado por participar en el homicidio de miles de personas, incluso católicas? En suma, ¿cómo es posible que sean tan severas contra quienes aceptan la interrupción de una vida sin autoconciencia ni autonomía, y tan tolerantes con aquellos que matan, torturan o vejan a personas adultas?

Sería bueno que nos informaran si los clérigos acusados de abusos contra menores ya no comulgan y si fueron puestos en mano de la justicia en lugar de ser trasladados para mejor encubrirlos. Mientras esto no ocurra, quedará la impresión de que la condena a quienes apoyan la despenalización del aborto con el propósito de mitigar los sufrimientos de mujeres por lo general muy jóvenes y pobres, no guarda proporción con la reacción frente a otros atentados contra la vida. Parece más bien una desmesura, propia de quienes están dispuestos a tirar la primera piedra sin estar libres de culpa.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar