Plantea urgente y cuantioso plan ante la crisis

Impuestos a ricos y retiro de las tropas para financiar salud

THE ECONOMIST

Barack Obama elaboró un programa económico destinado a atender las preocupaciones que tenían los ciudadanos sobre los altos costos de la energía y la atención médica, los estancados ingresos de la clase media y el creciente número de ejecuciones por hipotecas incumplidas. Pero, esos problemas palidecieron ante las convulsiones registradas desde agosto que convirtieron a la crisis habitacional en pánico financiero global y sitúan a la economía en la que puede ser la recesión más profunda en décadas. La confianza de los consumidores está en su nivel más bajo en 50 años.

Si Obama tiene suerte, asumirá el 20 de enero con los asuntos financieros más o menos bajo control gracias a los pasos que dieron el secretario del Tesoro, Henry Paulson y la Reserva Federal. Hay signos iniciales de éxito en el plan masivo del gobierno. Sin embargo, se requerirá más intervención del gobierno y Obama está ante el dilema de si rescatará a otras empresas que se derrumben. Planteará condiciones, como son compromisos para préstamos, que Paulson eludió.

El Departamento del Tesoro pedirá autorización para usar el segundo tramo de US$ 350.000 millones del plan de rescate total por US$ 700.000 millones. Surgen nuevos pedidos de empresas para acceder a los fondos del rescate. Algunas empresas ajenas al sector financiero, como son las del sector automotor, estarán al borde de la quiebra. Sus pedidos de ayuda serán escuchados por Obama.

Aunque lo peor de la crisis financiera haya pasado (es una suposición peligrosa), es casi seguro que lo peor para la economía está por ocurrir.

La profundidad de la recesión depende, en gran medida, del tiempor que insuma a los bancos y otras firmas crediticias privadas, recuperar el apetito por el riesgo. A su vez, ello depende de la evolución de los precios de los inmuebles, las pérdidas crediticias y la capacidad del sector financiero para obtener capitales.

PROPUESTA. La perspectiva histórica indica que los presidentes han tenido poca influencia sobre el crecimiento económico de corto plazo. Por cierto, mucho menos que el presidente de la Reserva Federal. Debido a las limitaciones actuales de la política monetaria, Obama cargará con la responsabilidad de luchar contra la recesión a través de la política fiscal. Los demócratas ya están presionando por medidas de estímulo por US$ 150.000 millones. Obama incorporó esas metas en una propuesta para dos años, por US$ 175.000 millones, y puede unir fuerzas con el Congreso antes del final de la actual legislatura para aprobar ese programa.

Uno de los plazos que tiene por delante es la culminación, a fines de 2010, de los recortes impositivos aplicados por Bush. Originalmente, Obama prometió extenderlos, con excepción del 5% de los hogares más ricos. Con los mayores impuestos que pagará ese sector y el ahorro derivado de la retirada de las tropas de Irak financiaría las exoneraciones impositivas y subsidios del plan de salud para familias de trabajadores. Se estima que el costo del plan sería de US$ 1.6 billón, a lo largo de diez años. Debido a la amenaza del creciente déficit que superaría el récord desde la posguerra del 6% del PIB, esa generosidad corre el riesgo de causar una revuelta en los mercados financieros, lo que los asesores más conservadores de Obama quisieran evitar.

Obama también encara decisiones para reconfigurar las regulaciones sobre el sistema financiero. El plan de rescate le impone regular, en mayo, a los fondos de cobertura y los derivados financieros.

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