Obama y la región

SEBASTIÁN DA SILVA

Es notable como la historia va equilibrando los procesos sociológicos. Al presidente con peor imagen de la historia de los Estados Unidos, lo sucede su antítesis más dicotómica.

Barack Obama, no pertenece a una familia con tradición de poder, fue producto de una unión interracial de inmigrantes sin siquiera formación cívica, tampoco fue criado en cuna de oro, más bien todo los contrario, no forma parte de los corrillos de Washington, sino que es reticente a esta maquinaria de intereses.

Bush es petrolero, Obama es partidario de energías alternativas, uno es demócrata del ala más abierta o liberal, y su antecesor representa el conservadurismo más radical del espectro político norteamericano, y por último uno es extremadamente popular y el otro extremadamente denostado en el mundo.

Todas estas diferencias no tienen lugar al momento de sentarse en el Despacho Oval y gobernar la potencia económica y militar más grande del mundo. Una vez en el sillón presidencial y con el botón rojo a su mano tendrá los mismo problemas que la dinastía de hombres que vivieron en la Casa Blanca, agravada con una crisis económica que obliga a incorporar al estilo de vida estadounidense términos como ahorro, austeridad, limitación del consumo, temor por perder los empleos etc. etc.

Obama no asume solo, tiene tras de sí una mayoría parlamentaria en las dos cámaras, un partido hambriento de mudarse a los alrededores del Distrito Federal después de 10 años de ostracismo, y un sistema político económico con mucho más vida propia que la voluntad presidencial.

Como candidato fue un fenómeno en sí mismo, su mayor logro fue alcanzar la nominación demócrata desde el llano y contra el status quo de la familia Clinton. Ahí se produjo el cambio, los mensajes por Facebook, los aportes de a diez dólares, la magia de sus seguidores colgando videos, convenciendo de que era el elegido para gobernar cuando nadie le daba la mínima chance cuando inicio la elección interna contra Hillary Clinton.

Ahora, como presidente, tendrá que hacer frente a la expectativa generada. No invento nada si digo que recurrirá a gente de experiencia, y no a novatos descreídos de Washington. Es obvio que los resortes internos del Partido Demócrata tendrán su equilibrio, y los sindicatos aumentarán su influencia, al igual que una visión del mundo económico más proteccionista que la de Bush.

En materia militar parece claro que cesarán las aventuras, máxime en momentos en que debe bajar el déficit fiscal y a nivel internacional tendrá una luna de miel que debería de aprovechar.

Ahora, no nos hagamos ilusiones los uruguayos, porque la franquicia del préstamo puente, de la preocupación por nuestros problemas financieros y la posibilidad perdida de haber firmado un TLC se esfuman minutos después del juramento presidencial. Seremos parte de una América Latina que en este contexto de problemas con que asume Obama es una vigésima prioridad, y en ella nuestro país no entra en el listado.

Así fueron y serán las administraciones demócratas, aunque estemos todos muy contentos porque en la mayor potencia mundial haya triunfado este moreno con pinta de buena gente que nos devuelve a todos la ilusión de que si queremos podemos.

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