Mientras tanto

JUAN MARTIN POSADAS

El asunto viene cada vez peor. Todo el mundo busca información sobre el descalabro financiero y todo el mundo opina. Los medios de información del mundo contratan expertos y producen informes. Acá es poco lo que podemos hacer para defendernos: estamos como los futbolistas cuando forman barrera, con una mano acá y la otra acá, esperando el taponazo.

Mientras los expertos dan sus explicaciones voy a tejer un par de preguntas que podrían llamarse curiosidades. Pero antes una breve mención para descalificar a quienes, a propósito de la crisis, aprovechan para probar sus prejuicios con el diario del lunes en la mano.

Se ha hablado del fin del capitalismo. Le Monde Diplomatique (una especie de Brecha publicada en francés pero con menos honestidad intelectual) tituló: el ocaso de Washington. El uruguayo no está preocupado ni interesado en saber si se acabó o no el capitalismo; él quiere saber si se acabó su puesto de trabajo, su empresa o sus ahorros. La utilización de esta debacle para saldar revanchas ideológicas particulares carece de interés general.

Resulta más útil interrogarse sobre otras cosas, lo que arriba llamé curiosidades. Se dice que este sistema económico financiero se ha derrumbado porque estaba construido en el aire, sin sustento real, era ficticio. Acabo de leer esa afirmación en una de las columnas de Vargas Llosa (quien sabe de economía tanto como yo pero cobra sus columnas mucho más). Sin embargo da la impresión de que la economía moderna funciona así: la riqueza es más que nada un asiento contable.

Las cosas, la producción, recién tiene significación económica cuando adquiere precio, es decir, cuando entra al mercado. Y el mercado sube o baja en función de un intangible: las expectativas buenas o malas. Pero de todo ese complejísimo malabarismo que cayó al suelo surgieron millones y millones de puestos de trabajo durante años y años, que pagaron millones de sueldos, que fueron a su vez gastados en millones de productos (la mayor parte superfluos), para cuya confección se levantaron fábricas y talleres, que dieron ganancias a millones de comerciantes y así sucesivamente. A partir de eso, tan volátil miles de familias se hicieron una casa mejor, pudieron mandar a sus hijos a mejores universidades, se atendieron mejor la salud y le arreglaron la dentadura raleada a la abuela. Y todo eso es real, tangible, no es una ilusión. Circula mucha ignorancia cuando se hace una contraposición entre economía real y virtual o financiera. Vaya usted a decirle a quienes se están fundiendo que no deben afligirse porque lo que han perdido no es real.

Se dice también que ese sistema económico es malo porque ha destruido miles de millones de dólares, las reservas de todos los gobiernos del mundo, el ahorro de las personas y el activo de las empresas. Póngale todos los ceros que quiera y diga: estamos ante la quema de tal o cual trillonada. Es cierto. Pero -sin pretensión de absolver al sistema sino de entenderlo- pregunto: ¿esa enorme riqueza que se ha ido por el caño no es la riqueza que ese mismo sistema produjo? ¿Genera o destruye?

Hablo, por supuesto, del sistema, del entramado de instrumentos financieros y económicos que se fue montando; la codicia no es parte del sistema, es parte del ser humano en cualquier sistema.

Prestemos atención a los que saben y no a los charlatanes. No podremos hacer mucho para protegernos, como dije al principio, pero mantendremos la cabeza por encima del macaneo. Eso es salud.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar