El acoso y la intimidad cotidianos

MATÍAS CASTRO

Cada vez que entrevisto a algún famoso cuya vida integre el mundo de la farándula, le pregunto cómo se lleva con el tema de la intrusión en su vida privada. Las respuestas, normalmente, son las previsibles. Suelen decir que no tienen problema a la hora de hablar sobre su vida, pero que existen límites y que si tienen que desmentir algo en público, lo harán. Es decir, no cuentan nada que no se sepa.

Esto es parte de su vida cotidiana, a diferencia con lo que ocurre con la del resto de la gente. Tal vez, de lejos, resulta un poco difícil comprender cómo se ve el mundo cuando contar detalles íntimos de un divorcio o de la relación de pareja son cosa natural. Uno, normalmente, sólo habla de esas cosas con quienes tiene confianza, nada más.

Ante lo que hacen los famosos, la prensa pide más, y por eso vigila a los famosos día y noche, les pone el micrófono a prepo en cualquier situación y, con frecuencia, choca con ellos.

Días atrás un tribunal de Madrid condenó al canal Telecinco a pagar 54 mil euros por haber emitido imágenes de un animador televisivo y de la duquesa de Alba en un "contexto privado". Pero esa cifra es ínfima, frente a los beneficios que trae emitir esas imágenes. No es raro que publicaciones amarillistas divulguen imágenes sabiendo que la consecuencia puede ser una multa, como pasó con las fotos de Bono con dos adolescentes en Saint Tropez. Es que las ganancias (por ventas de derechos, por publicidad y por venta de ejemplares o suba de audiencia en TV) valen la pena, sin importar la multa que reciban. Esto causa problemas: Keanu Reeves está en pleno juicio porque supuestamente atropelló a un paparazzo. No es el único famoso que atravesó una situación así.

Todo el asunto puede parecer lejano, pero es parte de lo que recibimos a diario en los medios.

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