El factor reelección

ALFONSO LESSA

Los tiempos se acortan para el Frente Amplio y no aparece por ninguna parte el acuerdo que le permita construir una fórmula presidencial de consenso que impida lo que muchos no quieren en la izquierda: una elección interna competitiva, con todos los riesgos y beneficios que ello implica.

Hay preguntas que se repiten sin respuesta desde hace meses: ¿la fórmula debe estar encabezada por Astori o por Mujica? ¿Y el que no sea el candidato a la Presidencia, debe ser quien lo acompañe a vicepresidente?

¿Todo se decidirá en las internas de junio? Y aún, eventualmente, ¿puede haber otros candidatos alternativos? Un planteo, este último, que ya no parecía tener sentido, pero que ha sido relanzado desde el Partido Socialista que buscar coordinar con la Vertiente y el Partido Comunista para no quedar presos de la polarización entre el MPP y Asamblea Uruguay.

La ausencia de respuestas ha dado lugar a una creciente inquietud en la izquierda y a múltiples negociaciones. Y como si fuera poco, dentro de este panorama cargado de incertidumbre, volvió a plantearse con fuerza un factor que aporta más interrogantes: los renovados ímpetus reeleccionistas de quienes ven en Vázquez la única alternativa para un nuevo triunfo.

El presidente ha sido demasiado enfático al rechazar su eventual reelección, como para dar una marcha atrás. Entre los entusiastas de la reelección, sin embargo, se asegura que en caso de no existir consenso, el presidente podría reconsiderar su postura. Otros ven en el fantasma reeleccionista, un instrumento de presión para que se logre la fórmula de consenso.

El reeleccionismo, sea como sea, se instaló formalmente y a la inauguración de la sede del grupo en Montevideo, asistieron dos ministros: Víctor Rossi y María Julia Muñoz. Otros fueron invitados, pero prefirieron la cautela.

Lo cierto es que Vázquez no ha desautorizado el uso de su figura por parte de quienes promueven la reelección, lo que alienta a quienes recogen adhesiones para su postulación e invierten dinero en ello. Un importante dirigente del Frente, sin embargo, resumió la situación de otra manera: "con sus pronunciamientos públicos contra la reelección, el presidente quemó las velas, la nave y hasta la quilla. Demasiado para pensar que quiera sacar realmente a flote esa opción".

Pero además, la reelección puede atenuar el debate, pero no soluciona el problema, porque igualmente el Frente debe tener un postulante alternativo a Vázquez, tal como hizo Pacheco con Bordaberry en 1971. Si la reforma constitucional fracasa -como pasó en 1971- debe haber otro candidato de la izquierda. Ese escenario, por lo tanto, no obvia la discusión de la fórmula electoral y añade elementos complejos, como la dudosa constitucionalidad del intento reformista -como lo denunciaba el Frente en 1971- y el hecho de colocar a Vázquez en una zona de riesgo.

La inhibición constitucional del presidente impide al Frente resolver la candidatura como lo hizo en el pasado: vinculándola a la figura del líder.

Y ante esta situación, el Frente está reaccionando de una forma que expone claramente su carácter de coalición, en la que todos sus componentes actúan cuidando sus cuotas de poder.

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