WASHINGTON | EL TIEMPO/GDA
A la salida de un auditorio en Washington D.C. donde miles de hispanos adquieren la ciudadanía estadounidense, una nube de seguidores de Barack Obama y John McCain los espera para convencerlos de adherirse a las filas de uno u otro candidato.
Esta imagen se repite a lo largo y ancho del país y habla a gritos de la importancia que esta comunidad tendrá en los resultados de las presidenciales, previstas para este 4 de noviembre.
De hecho, y eso lo saben ambas campañas, en sus manos podrían estar las llaves de la Casa Blanca. De acuerdo con un estudio del Centro Pew, el número de hispanos aptos para votar aumentó más de un 30% en los últimos ocho años. Lo que significó pasar de 14 millones que había en 2000 a más de 20 millones para este 2008.
Se estima que solo 10,5 millones de ellos votaran en noviembre (el 6,5% del parte electoral), pero esos son casi un millón y medio más de los que lo hicieron en 2004. Y allí podría estar la clave de la victoria.
De acuerdo con el estudio del Pew, más del 65% de los nuevos hispanos registrados se inclina por el partido demócrata de Obama, contra solo un 22% que favorece a los republicanos, que representa McCain.
En total, de acuerdo con un sondeo de este mes de la firma Gallup, el 61% votaría por el senador de Illinois frente al 29 % que lo haría por el de Arizona.
La abultada diferencia indica dos cosas. La primera es que, contrario a la creencia popular, el hispano en EE.UU. sí votaría por un negro, pese a la rivalidad que se cree existe entre ambas comunidades. Aunque fue claro durante las primarias su predilección por Hillary Clinton (casi un 70% la respaldó), la comunidad está lista para rodear al demócrata seleccionado sin importar su color de piel. La segunda, y que resulta mortal para los republicanos, es que en los últimos cuatro años los hispanos se han tornado agrios hacia el partido del "elefante".
Hasta las elecciones del año 2000, los latinos en EE.UU. habían favorecido a candidatos del Partido Demócrata. Durante ese año, no obstante, el presidente George W. Bush comenzó a romper la tendencia y muchos creen que les debe, al menos, uno de sus dos períodos en la Casa Blanca.
Del 21% de respaldo que obtuvo Bob Dole en los comicios del 1996, Bush pasó al 34% en 2000, y luego a un histórico 40% en 2004. El cierre de esa brecha, de casi un millón de votos, fue crucial para su reelección. Según Pew, el 55% de los hispanos dice comulgar con el ideario demócrata, mientras solo el 6% lo hace con el republicano.
¿Qué pasó? Lo mismo que les ha pasado a la mayoría de los estadounidenses. Más de 70% de los hispanos dice que el país no marcha en la dirección correcta y se lo atribuyen a ocho años de políticas de Bush.
Ese sentimiento se agudizó en los últimos meses con el fuerte impacto de la crisis económica que golpeó, quizá más que a cualquier otra, a la comunidad latina. La crisis inmobiliaria -a la que se atribuye en buena parte el desplome de los mercados- dejó sin fuentes de empleo y sin trabajo a muchos latinos, pues fue uno los grupos que más se "benefició" con el crédito barato para comprar vivienda.
Inclusive, entre hispanos de tendencia republicana, se está viendo la erosión.
"Yo siempre voté por ellos. Pero las cosas están muy mal. Creo que llegó el momento de darle la oportunidad a otro", dice Gabriela Altamira, una cubana de 75 años que lleva 30 votando por la carta republicana en Florida. Este estado, que fue el que decidió las elecciones del 2000, podría, inclusive, pasar a manos demócratas en 2008 gracias al crecimiento de su población hispana.
Dice Sam Rodríguez, presidente de la Conferencia Nacional Hispano Cristiana, que en el 2004 apoyó a Bush: "Me siento mal por John McCain. En realidad nos gusta mucho como candidato, pero no nos gusta para nada el Partido Republicano". En cierto sentido, el rechazo hispano es también consecuencia directa de las políticas del partido, que durante los dos últimos años promueve una "agenda anti-inmigración" que se tradujo en violentas persecuciones contra ilegales, la construcción de un muro para separarlos de México y el rechazo a una ley que busca solucionar el drama de millones de indocumentados. McCain, que rompió filas con su partido al sumarse a la causa migratoria, terminó pagando los platos rotos.
Por eso, los hispanos son vistos como "la gallina de los huevos de oro", no tanto por su participación nacional como por el papel que jugaron en un puñado de estados llamados a definir la actual contienda.
Dadas las recientes oleadas migratorias, y el registro de nuevos votantes hispanos de segunda y tercera generación, Nevada, Colorado, Nuevo México y Florida han visto aumentar la participación de la población latina. Cuatro estados que fueron ganados por Bush en las últimas elecciones, hoy, según las últimas encuestas, se inclinan por Obama, en buena parte arrastrados por los hispanos. Si el demócrata se los lleva, se asegura su sillón en la Casa Blanca. Si los pierde, McCain estaría de nuevo en la pelea.
Habrá que esperar a los censos poselectorales para establecer con precisión cómo voto la comunidad. Pero no hay duda, sea cual sea el resultado, de que el ganador les deberá, al menos, una pata del trono.