El bahiano regresa a Montevideo el próximo 8 de noviembre para una celebración que acercará un poco más al Brasil musical.
SEBASTIÁN AUYANET
Brasil perdió a un Ministro de Cultura y el mundo recuperó a un pensador moderno, integrador y necesario. Gilberto Gil trae a Montevideo su Banda larga cordel, un disco que canaliza esas intenciones en una música exquisita y alegre.
En su libro Verdad Tropical, Caetano Veloso recuerda los orígenes más elementales del concepto de la Tropicália en la persona de Gil, y ubica el lugar donde la idea del Tropicalismo surgió para el cantautor en Recife, Nordeste de Brasil.
Según Caetano, la soledad, la pobreza de la región y el hecho de que Gil percibió cómo -a pesar de la mordaza del purismo dictatorial- artistas de la zona como los flautistas Pifanos de Caruaru habían logrado una fuerza expresiva moderna y arraigada a la identidad de la región, fueron la inspiración para desatar la revolución artística que marcaría sus vidas. "Cuando regresó, Gil estaba totalmente transformado (...). Decía que no podíamos seguir a la defensiva ni pasar por alto el carácter de industria del negocio en el que nos habíamos metido y sus rasgos de cultura de masas, cuyo mecanismo sólo podríamos entender si lo penetrábamos", escribe el compadre artístico más cercano a la carrera del bahiano.
Esa mecha que en aquel momento encendió la mentalidad de apertura e interpelación y redescubrimiento de la tradición musical brasileña; de sacudirla contra el purismo con información importada y sentido cosmopolita de los procesos artísticos -en otras palabras, de integrar-, sigue encendida en su discurso y en su obra artística. Y Gil, agitador cultural y pensador siempre moderno desde aquel entonces, volvió a las artes y también a ese Nordeste brasileño que inspiró aquella apertura, como si esa región fuera el lugar de retiro natural y necesario, antes de encarar un esfuerzo artístico.
Y del Nordeste, Gilberto rescató a la "literatura de cordel", un antiguo estilo repentino y cadencioso, cuya rítmica y estructura de versos aplicó para hablar de una temática que defiende desde los tiempos en que Internet es Internet: la libertad de navegación para favorecer la apertura y la buena gestación de la aldea global ("Banda larga" significa "Banda ancha" en portugués). Las canciones de Banda larga cordel -un luminoso disco de una hora y seis minutos en los que Gil recorre y mixtura casi todos los géneros que ha recorrido en su carrera: del funk al reggae, la bossa o la samba- no siguen un concepto. Los temas funcionan como entidades independientes, aunque el hilo conductor de las historias sea esa vida en tiempos de comunidad virtual.
"Este tipo de entrevistas prefiero aprovecharlas para hablar mi `portuñol`", comenta riéndose el nacido en Salvador, que se presta a la entrevista templado y sin apuros.
-Sos integrante de una generación de brasileños que creció mirando hacia el exterior, pero hoy Brasil aún parece una isla cultural, dada su autosuficiencia y el tema del lenguaje...
-Esto es algo que es verdad pero que hay que revisar muy bien porque Brasil no era así hace cincuenta o sesenta años. Cuando se desarrollaron las carreteras; cuando los primeros medios de comunicación, Brasil tenía una conciencia mayor de comunidad. Esa fue una de las cosas que intenté hacer desde el Ministerio de Cultura, que era tratar de que Brasil se reposicionara culturalmente hacia América del Sur y al resto del mundo.
Gilberto define y defiende un concepto esencialmente tropicalista: "Desde aquí, con algunos intelectuales gustamos mucho de utilizar el concepto de lo `glocal`, o sea, atender la globalización siempre mirando hacia adentro. En la época de las conquistas, las regiones se sometían a un `apartheid cultural` que venía dado por quienes dominaban. Ahora es mucho más difícil -más aún en el caso de Brasil- porque aunque haya globalización las potencias dominantes siguen imponiendo un tipo de consumo cultural uniforme, que se está combatiendo de a poco, pero todavía son tiempos de ese apartheid. Eso depende de que también haya una institucionalidad mundial, un gobierno mundial que fomente este tipo de cosas y que encare otras como las crisis".
-¿Qué pasa con el recambio de artistas en Brasil? ¿Quedó tu obra y la de Caetano para una elite, mientras que el pueblo consume otros géneros "menores" como el funk de las favelas?
-Eso sucede cada vez más por esa misma situación de "apartheid" de la que hablaba antes. En las regiones empobrecidas es mucho más complicado llegar porque mucha gente no consigue estar abierta para recibir cierto tipo de "inputs" culturales. Hay mucha gente a la que le conviene que el pueblo no acceda a la cultura.
-¿Hay algún artista brasileño nuevo que puedas destacar?
-Yo hablaría más de grandes grupos. De bandas o "gangs" de artistas. No hay una figura predominante, no es tiempo de eso. Son grandes grupos como el "indie" los que predominan sobre todo en el público más joven. Creo que hay muy pocas figuras o referentes salientes. Lo que emerge es el colectivo que forma el género.
-Después de una carrera hecha a contracorriente del pensamiento oficial, ¿para qué Gilberto Gil necesita volver a ser "políticamente incorrecto", como dijiste en alguna entrevista?
-Lo que sucede es que desde el Ministerio de Cultura uno tiene la posibilidad de hacer cosas como tender puentes para que haya un mayor acceso a ella, políticas de estímulo... pero todo dentro de una estructura muy burocrática, donde juegan muchos intereses y donde la falta de recursos es un problema, como en todos lados. Entonces, esta expresión venía a ser una declaración de intenciones de estar más suelto. Me llamaba muchísimo la energía artística, y el año pasado sentí que mi trabajo en el Ministerio estaba hecho.
-Entonces, es menos pesado atender a la prensa como artista en entrevistas telefónicas que como Ministro...
-Yo diría que ya estaba acostumbrado a este tipo de vida desde antes de comenzar a trabajar en política, entonces readaptarme a esto no es un problema. Es algo que forma parte de esa sensación de libertad que precisaba volver a sentir como artista.
Entradas siguen a la venta
Gilberto Gil, que llega a Montevideo acercado por la Fundación Eduardo Mateo y la división Turismo de la IMM, estará acompañado en la previa por la artista Mariana Lucía, una uruguaya que según las canciones colgadas en www.myspace.com/marianalucia, se presenta como un ejemplo de la poderosa influencia que la música de Brasil suele ejercer sobre una importante cantidad de artistas locales. En ella confluyen la bossa, el funk y el folklore.
Las entradas para el show cuestan entre $325 y $1025, y de consiguen en locales de la Red UTS. El espectáculo comenzará sobre las 21.
Cuatro discos entre los treinta y nueve editados
Refavela
En 1977 fue un disco revelador, asociado al anterior Refazenda (1975). Hay una búsqueda de la musicalidad negra, las raíces africanas, que Pereira dos Santos usufructuó en su película Tienda de los milagros.
O sol de oslo
Apareció en 1998 pero fue grabado y mezclado en Oslo cuatro años antes. La búsqueda sonora que contiene llevó a unos cuantos críticos a considerarlo uno de los discos más "modernos" del bahiano.
Quanta gente veio ver
Fue grabado en vivo en 1997, en la presentación que Gil hizo de su disco Quanta pero apareció al otro año. El juego de aproximación a lo latino es la excusa para realizar una de sus más largas excursiones discográficas.
Gil - Milton
Su compañero más conocido es Caetano Veloso (hicieron dos memorables Tropicália), pero las Gil también se alió con otros colegas de primera línea. En el 2000 apareció junto al gran Milton Nascimento.