Un cronista de los tiempos que corren, fuera de los clichés y con gusto "pop"

The Streets. El británico que rapea en un disco con mentalidad, guiños y música accesible

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SEBASTIÁN AUYANET

Un tipo "raro" de Birmingham que trabaja solo con nombre de banda y un disco atípico para el hip hop (el cuarto en su carrera), que denota un gusto exquisito para armar canciones radiales.

Mike Skinner, alma máter, realizador y único integrante de The Streets, es un tipo raro.

Primero que nada, es británico y rapero, condición atípica de por sí. De hecho, el hip hop es casi inexistente en el Reino Unido a nivel de creadores. A pesar de la crecida que ha tenido el género a nivel de público en ese país (Kanye West y Jay-Z cerraron el pasado festival de Glastonbury), el género ni siquiera se aplica con ese nombre en las islas, como si fuese una mala palabra de fabricación estadounidense. En Inglaterra y adyacencias, si uno hace hip hop está haciendo "Garage UK".

Se llame como se llame, Skinner (sin ropa de basquetbol o fútbol americano, por supuesto) es quien tira del carro, y no necesita de rótulos para diferenciarse de sus colegas al otro lado del océano. De arranque, el típico acento inglés que suelta llama la atención al pararse sobre unas bases en las que estamos esperando escuchar voces más oscuras y densas. Más negras, en definitiva.

Con el acierto y la inteligencia propia de los letristas de su época -es algo así como un Noel Gallagher menos pedante-, Skinner vuelve a disecar sus angustias en un disco donde el mensaje principal es que en esta vida vivimos de prestado.

La influencia británica, obviamente marcada por el rock en clave pop -es decir, canciones breves, y accesibles al consumo masivo- se nota en este trabajo, aunque el género no sea ése.

Ningún track supera los cuatro minutos, y muchas de sus canciones tienen la contundencia de un "hitmaker". Skinner ya lo hizo en discos anteriores como The hardest way to make an easy living (2006) con canciones como When you´re wasn´t famous. Con mucha guitarra en clave "funky", Skinner suelta sus versos en canciones bailables como The sherry end o The way of the dodo, clases prácticas de aplicación del "concepto Help!" patentado por los Beatles: bailar mientras la voz canta sobre estados del alma que no necesariamente son un canto a la vida.

Skinner suena una vez más como un niño en un parque de diversiones que de repente se vuelve un barrio peligroso y desangelado, lleno de verdades que le caen al cantante y a quien escucha como verdades de perogrullo mal aprendidas.

El escritor estadounidense Chuck Palahniuk reflexiona en uno de sus textos más conocidos: "A medida que hay más gente que envejece y que tiene toda la experiencia de toda una vida en la memoria, más les preocupa perderla. Perder esos recuerdos. Sus mejores números, sus relatos, sus cantinelas para hacer que toda la mesa se eche a reír a la hora de la cena. Su legado. Su vida". Y Skinner canta en la primera canción de este nuevo disco: "Las memorias son tiempo que tomamos prestado para gastar mañana". Un disco de música pop que va contra la anestesia del razonamiento y además, se disfruta al escuchar. De momento, este disco sólo es rastreable por Internet.

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