Educarnos para ser mejores padres

| El interés por programas de formación para padres crece. Una formación permanente los informa y actualiza.

Ana Maria Abel

Organismos internacionales como UNESCO y CEPAL recomiendan con insistencia la educación permanente. Apoyan así el artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que reconoce el derecho de toda persona a la educación para el pleno desarrollo de su personalidad.

Los padres de familia, ¿no tendríamos que tomarnos como muy nuestro ese derecho?

Ser mejores padres lejos de ser algo trivial es, además de un derecho un deber: el de educarnos toda la vida ya que vivimos en la sociedad del conocimiento donde prevalecen la información y el saber. En los tiempos que corren no podemos guiarnos sólo por el sentido común y el instinto paterno o materno. Si no valoramos o despreciamos la formación permanente como padres nos exponemos a vivir desfasados o quedarnos atrás. ¿Tenemos presente que además es un derecho de nuestros hijos quienes podrían reclamárnoslo algún día?

En muchos países, algunos vecinos nuestros como Argentina, existen programas de formación continua diseñados especialmente para padres y madres de familia. El interés por esas iniciativas crece en diversos estratos de la población pero es aún poco atendido en la mayoría de los sistemas de enseñanza. Las razones son variadas: la tradición cultural de que la escuela es solamente para personas en edades tempranas -niños y jóvenes-, la autosuficiencia personal o la falta de financiación para este tipo de aprendizaje.

A fines de los años `60 surgieron en Norteamérica y Europa novedosos programas de educación familiar destinados a padres.

En la actualidad existen desde Maestrías universitarias hasta redes internacionales que ofrecen escuelas para padres a través de un centenar de asociaciones civiles. El caso de México es paradigmático: la Secretaría de Educación Pública y el DFI (Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia) ofrecen el Programa Nacional de Educación Familiar para los padres de todos los estados del país.

A los padres y madres uruguayos no nos vendría nada mal el diseño de políticas públicas que implementaran programas académicos -teóricos y prácticos- donde pudiéramos repasar los fundamentos antropológicos y éticos de la educación familiar y sus contenidos psicopedagógicos. Ese sería un valioso aporte que nos impulsaría a una acción preventiva eficaz desde nuestros hogares, y nos daría la posibilidad de unirnos a otros padres e intercambiar experiencias positivas.

Se acerca un año electoral y ¿quién sabe? Quizás nos sorprenda gratamente alguna plataforma política que contemple este derecho reconocido en el artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y las recomendaciones de los organismos internacionales. La función de padres en el S. XXI reclama para ser más eficaz, la formación continua como progenitores.

El hermano mayor.

Los expertos aconsejan no sobrecargar al hijo mayor con excesivas responsabilidades como atender siempre a los más chicos o repetirle que tiene que dar ejemplo. Sin embargo es bueno que el hijo mayor adquiera buenos hábitos porque en general es un espejo para los menores.

La habitación de los niños.

En la medida de lo posible, conviene armar la habitación del niño de modo que pueda ir transformándose a medida que crezca. Primero servirá para jugar, más adelante como cuarto de estudio pero siempre alegre y luminosa, eso influirá en sus estados anímicos.

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