Abandonar la torre de marfil de su despacho de la calle Colonia tuvo costos para Danilo Astori en su primera gira por el interior del país. Despojado de su uniforme de ejecutivo, sin corbata y de campera, su regreso al mundo exterior le deparó más quejas que alabanzas. Convencido como está de que su gestión fue genial, quedó sorprendido con los reclamos que recibió a su paso por Lavalleja y Treinta y Tres, departamentos que eligió para iniciar una gira de inocultable signo electoral. No le viene mal ese shock de realidad a quien salió del ministerio de Economía con un porte arrogante por demás.
"Usted dice que todo está bien, pero salga a los barrios"; "dio plata a los que no hacen nada y corta la cabeza a los que trabajan"; "¿usted podría vivir con $4.000 al mes?" Mensajes de este tipo fueron recibidos por el ex ministro según los periodistas que lo acompañaron y sirven para medir la temperatura ambiente en torno a un político que aspira a ser candidato a presidente por el Frente Amplio, no se sabe si por designación directa o por elecciones internas. También son útiles para contrapesar el cúmulo de elogios que alfombraron su partida del ministerio, justo al comienzo de una de las tormentas económicas más graves que el mundo recuerde.
Esa tormenta es la que empieza a borronear en forma retroactiva el desempeño de Astori al frente del equipo económico. Ahora, cuando es obvio que nadie escapará a los efectos de la crisis, las críticas empiezan a menudear. Beneficiario de una era de bonanza con ingresos fiscales nunca vistos en el país, Astori desaprovechó la oportunidad de invertir más en obras de infraestructura o de crear fondos anticíclicos para capear los tiempos de vacas flacas que vendrán. Se le reprocha además el aumento del gasto público y de la burocracia estatal dispuesto en una última rendición de cuentas con aire de jubileo. En suma, se le echa en cara una actuación que concluyó sin el rigor aconsejable ante una recesión mundial en puerta.
En contacto directo con la gente, el ex ministro de Economía palpa en esta gira el fragor de las quejas procedentes del mundo real y no de las estadísticas que solía exhibir con poca modestia.