Triunfar en casa es el primer desafío

| La imagen nacional de Obama no coincide con las prácticas políticas que usó en Chicago | Algunos cuestionan a McCain por no acordarse casi nunca del Estado que lo eligió | "EE.UU. hoy es más inclusivo", dice líder comunitario

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AFP

THE ECONOMIST

Más allá de lo que ocurra en las elecciones del 4 de noviembre, Barack Obama y John McCain resultarán vencedores en sus respectivos estados. Aunque hay matices, aquel dicho de que "nadie es profeta en su tierra", esta vez no se cumple.

"Barack Obama, nacido de la corrupta maquinaria política de Chicago", comienza a decir una voz siniestra en uno de los avisos de la campaña de McCain. "Entre los amigos de Chicago" del candidato demócrata, está el ex radical violento, William Ayers, dice Sarah Palin a la multitud. Palin también señala que debe ponerse énfasis en otra persona oriunda de Chicago, Jeremiah Wright, ex pastor de Obama, que siembra el divisionismo. Chicago, para bien o para mal, es una parte principal del esfuerzo que realiza la campaña electoral de McCain por derribar a Obama.

Chicago es la mayor ciudad del Estado de Illinois, cuyo Senado integró Obama entre 1997 y 2004, antes de saltar a los primeros planos. También concentra el centro de los esfuerzos para elevarlo. La mayoría de los habitantes de Chicago adora a Obama. Linda Randle, que es una de sus hinchas principales, lo conoció en 1986 cuando ella tenía una vivienda del sector público y él era un joven organizador social. Ahora, ella tiene más de 20 camisetas con la imagen y el nombre de Obama y afiches de la campaña en las ventanas. "Siempre pensé que iba a ser el mejor abogado defensor de los derechos civiles".

En las elecciones primarias, Obama derrotó a Hillary Clinton -oriunda de Illinois- por 32 puntos. Las encuestas lo muestran con 16 puntos de ventaja sobre McCain. La campaña republicana intenta usar el pasado de Obama en contra de éste. Pero, la mayoría de los habitantes de Illinois apoya a Obama, pese a que sabe perfectamente que su actuación local no cuadra con su imagen nacional.

La lista de hazañas locales de Obama es respetable, pero no hercúlea. Jerry Kellman, quien lo contrató en 1985, dijo que el principal impacto que tuvo fue darle poder a los ciudadanos locales. Tuvo logros modestos, aunque valiosos, como fueron ayudar a crear un empleo bancario y remover el asbesto de las viviendas construidas por el sector público. Ya en el Senado de Illinois, Obama demostró que es un político eficaz. Ayudó a que se aprobaran reformas en temas éticos y de financiamiento de las campañas electorales en un estado renuente a hacerlo. Terry Link, colega del Senado, sostiene que "su mayor habilidad como político y como persona es su capacidad para escuchar a la gente". Si bien un republicano dijo en tono de mofa que el joven senador "está a la izquierda de Mao", Obama siempre tuvo habilidad para trabajar con cualquier sector de presión.

Esos antecedentes cuadran con la personalidad actual de Obama. Pero, la gente de Illinois sabe que parte de su trayectoria difiere con la realidad actual. Obama fue agresivamente ambicioso. En su campaña por una banca en el Senado del estado, utilizó detalles de procedimiento para lograr el retiro de Alice Palmer, que tenía esa banca. Era una táctica común utilizada a nivel local. En 2000, intentó derribar al diputado negro Bobby Rush, por la vía de poner en contra de éste a partes de la comunidad negra, pero terminó perdiendo la elección por 30 puntos. Bill Brandt, oriundo de Chicago, quien reúne fondos para el matrimonio Clinton, sostiene que "todos entendemos lo que significa ese tipo de política ruda y sin respeto por las normas", pero Obama no estuvo por encima de esas reyertas.

En segundo lugar, Obama no desafió a las jerarquías de Illinois. John Kass, columnista del diario Chicago Tribune, ha criticado con dureza a Obama por apoyar a Emil Jones, el presidente del Senado estatal que es un arquetipo de la maquinaria partidaria, al alcalde de Chicago, Richard Daley, quien si bien es respetado, no eliminó la corrupción, y a Todd Stroger, que recibió el apoyo de Obama para suceder a su padre, perseguido por los escándalos, como Presidente del Concejo del Condado Cook. Lo peor fue que Obama recibió en junio donaciones de Tony Rezko, un empresario procesado por corrupción.

Obama no hizo nada malo. Hace tiempo devolvió las donaciones que le hizo Rezko. Ninguno de los otros mencionados ha sido acusado de delitos. Y desafiar a Jones y Daley hubiera sido el equivalente a lanzarse al vacío desde la Torre Sears, la más alta de Chicago.

Le hubiera resultado imposible a Obama salir de la suciedad de Chicago sin ninguna mancha. Si llega a la Presidencia, podría limpiar el estado. El mes pasado, exhortó a Jones a aprobar una ley sobre cuestiones éticas y su mentor obedeció. En el ámbito nacional, quienes lo apoyan, lo ven como un visionario. Su actuación local lo presenta como pragmático y agresivo, cuando las circunstancias lo requieren. Por lo menos, la mayoría de los habitantes de Illinois considera que eso es atractivo.

El rival y su tierra. Nadie, al margen de algunos demócratas excitables, cree que John McCain perderá en Arizona. Es el primer candidato presidencial de ese estado desde Barry Goldwater, en 1994, y el senador por Arizona de más antiguedad: ocupa su escaño en el Capitolio desde 1987. Los candidatos presidenciales, casi siempre, se imponen en sus estados de origen. Sin embargo, McCain es menos popular en su estado de lo que podía esperarse. El 5 de febrero, logró menos de la mitad de los votos en las elecciones primarias del Partido Republicano. Una encuesta realizada hace dos semanas, lo situó con siete puntos de ventaja sobre Barack Obama. Dista de ser una ventaja abrumadora en un estado que, desde 1948, solo una vez ganaron los demócratas.

Un gran motivo es que McCain es un moderado entre impulsivos. "Arizona siempre ha tenido un dirigente resonante de la derecha dura", señala John Shadegg, un diputado que apoya a McCain. En 1986, fue elegido Gobernador un dirigente alineado con la ultra conservadora John Birch Society. El Partido Republicano en Arizona está dominado por dirigentes duros que objetan la moderada actuación de McCain en materia de inmigración e impuestos. En una votación realizada en enero, con la participación de militantes en el Condado Maricopa, que incluye a Phoenix y Paradise Valley, McCain fue votado como el "más inaceptable" entre cinco candidatos a la Presidencia.

De cualquier manera, los ultra conservadores de Arizona saben que no tienen otro lugar adonde ir. "Muchos de nosotros tenemos fuertes diferencias con algunas de las posiciones y políticas que John McCain ha sostenido en el pasado. A algunos hasta nos desagrada personalmente. Pero, amamos más a Estados Unidos", señalaron líderes partidarios por Internet.

El segundo problema que tiene McCain es que, en gran medida, gracias a los elementos de la línea derechista dura que está en desagrado con él, los votantes hispanos se están alejando. En los últimos años, la legislatura de Arizona aprobó una serie de leyes destinadas a hacer que la vida sea miserable para los inmigrantes ilegales. Joe Arpaio, el sheriff del Condado Maricopa, que siempre está buscando publicidad, ha realizado operativos en distritos hispanos en busca de ilegales. Esas acciones han ofendido a los votantes latinos y los ha puesto en contra del Partido Republicano. Elías Bermúdez, de la organización Inmigrantes Sin Fronteras, hizo campaña a favor de George Bush, en 2000 y 2004, y en la actualidad intenta reunir votos hispanos para McCain. Describe su desafío como "cien veces más difícil".

Pero, el mayor problema que enfrenta McCain es que muchos habitantes de Arizona sienten que el Senador no habla en nombre de ellos. En la campaña electoral, rara vez se refiere a Arizona y no mencionó al estado ni una vez en su discurso de aceptación de la candidata presidencial. En contraste, Obama, de manera reiterada, evoca las calles de Chicago, mientras Sarah Palin, con frecuencia, canta loas a Alaska.

Numerosas personas en Phoenix y sus alrededores, al preguntarles, no pudieron mencionar ni un ejemplo de algo que McCain haya hecho por Arizona. Sus admiradores lo ven como un héroe estadounidense más que como un héroe local. Si bien la Presidencia es un cargo nacional, esta realidad es una mala señal.

El Estado de Florida, más decisivo que nunca

Un estado que ayudó a John McCain a conseguir la candidatura por el Partido Republicano podría costarla ahora la Presidencia. La ventaja que tenía en la Florida se redujo considerablemente como resultado de la intensa campaña montada por su rival demócrata Barack Obama y de la marcha de la economía. Florida está nuevamente para cualquiera.

McCain lucía fuerte en Florida a comienzos del año. Tiene allí muchos viejos conocidos de la Armada, es muy allegado al gobernador Jeb Bush, quien es muy popular, y muy querido por la influyente comunidad cubano-estadounidense. Además, comenzó a hacer campaña mucho antes que Obama, quien debió pelear la candidatura demócrata hasta el último momento.

Pero Obama invirtió millones de dólares en Florida, mucho más que McCain (21 contra 5). Y hay varios factores que entran en juego: ¿Captará McCain el voto judío? ¿A quién apoyarán los hispanos que no son cubanos? ¿Rendirá dividendos la campaña de Obama para movilizar a los votantes negros?

A fines de agosto Florida tenía 10,7 millones de votantes empadronados. Casi 4,5 millones se registraron como demócratas, 4 millones como republicanos y hay 2,3 millones que no declararon afiliación política alguna. No es un estado homogéneo. Los centros urbanos del sur tienden a votar por los demócratas, la zona rural del norte lo hace por candidatos conservadores y el corredor a lo largo de la interestatal 4 está lleno de independientes y de gente que se pasa de un bando al otro.

También resulta difícil hacer encuestas confiables en la Florida, donde varias organizaciones periodísticas declararon ganador al demócrata Al Gore en base a consultas a boca de urna en el 2000 y luego tuvieron que retractarse. ap

Desde Panamá y Hawaii

Ninguno de los candidatos presidenciales nació en el estado que los llevó al Congreso. John McCain nació el 29 de agosto de 1936 en Coco Solo, en la zona del Canal de Panamá, cuando todavía estaba bajo control estadounidense. Por su lado, Barack Obama nació en Honolulú, Hawaii, el 4 de agosto de 1961. En ese estado, que aporta cuatro votos al Colegio Electoral, los demócratas llevan sólida ventaja.

No todos los negros están con Obama

En los últimos días la cuestión racial saltó al tapete en la contienda electoral. Beneficiado por la crisis financiera, Barack Obama puntea en todas las encuestas. Pero queda un interrogante, que probablemente sólo se despejará el 4 de noviembre: qué tanto influirá el color de su piel en los votantes. Y hay otra realidad: no todos los votos negros irán para el demócrata.

Los negros son casi el 13% de la población estadounidense. El 90% de ellos ya forma parte del voto cautivo de Obama. Pero, aunque disminuido, el racismo sigue presente en EE.UU., y de acuerdo con un estudio de AP el rechazo a tener un presidente afroamericano podrá influir hasta en un seis por ciento del total de sufragios que se emitan.

Excluyendo a la población blanca, hay un importante segmento de la población afroamericana que expresa sus reservas sobre la importancia que debe dársele al color de la piel del senador por Illinois. Incluso, algunos dicen que votarán por McCain.

Armstrong Williams es un comentarista político afroamericano que modera un programa llamado The Right Side (el nombre significa, a la vez, "el lado derecho" y "el lado correcto"). "Estoy harto de oír que Obama podría ser el primer presidente negro de EE.UU. Si miran la historia, verán a varios presidentes -puede que más `claritos` que el senador Obama- de raza mixta, (...) La euforia por Obama solo confirma la mancha indeleble que el racismo ha dejado en la psiquis estadounidense".

Es una tesis que explora el escritor Larry Elder en su libro Stupid Black Men ("Estúpidos hombres negros"). Elder, también conservador, escribió: "EE.UU. es hoy más incluyente y justo que nunca. Cuando uno considera la increíble diversidad (...) de los americanos, el racismo se hace casi insignificante. Pero si un blanco dice esto, se le acusa de ceguera o de expresa intolerancia. Y si un negro dice esto, es un `Tío Tom` (término peyorativo que implica servilismo ante los blancos). Sin embargo, aquellos que consistentemente -y, a menudo, sin evidencia- gritan `racismo`, atraen atención, simpatía y votos". el tiempo/gda

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