La letra del viejo vals "Salud, dinero y amor", escrita por el inmortal don Rodolfo Sciammarella, se transformó con el tiempo en una sabia lección de cómo administrar recursos. "Hay que guardar / eso conviene / porque el que guarda / siempre tiene", recomendaba el célebre autor de "Por cuatro días locos" y "Besos Brujos". Y esa máxima, que la enorme mayoría de las familias uruguayas aplica cuando de manejar dineros propios se trata, fue olímpicamente pasada por alto por el contador Danilo Astori cuando la historia lo puso al frente de la conducción económica del país en un momento histórico de inusual bonanza económica internacional.
Nunca un ministro de Economía la tuvo tan fácil. Nunca la coyuntura internacional ayudó tanto al Uruguay y por un tiempo tan extraordinariamente prolongado. Nunca antes el Uruguay creció a tasas tan elevadas impulsado por los formidables precios que el mundo estaba dispuesto a pagar por nuestros productos y nunca antes un gobierno recaudó tanto, a partir de un aumento exponencial de la actividad.
Un gobernante prudente hubiera tenido en cuenta el sabio consejo de Sciammarella. Hubiera guardado para enfrentar de mejor manera los tiempos duros que, más tarde o más temprano, habrían de sobrevenir. ¿O es que acaso las amas de casa, que no son contadoras y que no han estudiado en la facultad como el ex ministro Astori, no saben ya que cuando las cosas van bien hay que tener prudencia en el gasto para poner a la familia a resguardo de turbulencias futuras que fatalmente sobrevendrán? ¿O es que acaso nuestras madres no guardaban algo de dinero en una lata de galletas, o dentro de un par de medias, para cuando una emergencia obligaba a echar mano a recursos imprevistos?
Astori, que fue a la Facultad de Ciencias Económicas y que con una ya molesta soberbia se encarga de mostrarnos su erudición cada vez que abre la boca, nos aumentó los impuestos y se ufanó junto a sus funcionarios de haber recaudado más que ningún otro gobernante en su posición. Pero la fortuna que entraba al Estado por una puerta muy pronto se dilapidaba en emprendimientos que se comían millones y millones de dólares que son de todos, pero que el contador Astori usó como si fueran propios.
¿Cuánto dinero se tiró a la basura, y se sigue tirando, con el altamente deficitario proyecto sucroalcoholero del gobierno? ¿Cuánto dinero se perdió y se seguirá perdiendo con Pluna? ¿Y con los programas sociales del gobierno que gastan fortunas sin demandar contrapartida alguna a los uruguayos que se benefician de esta asistencia? ¿Cuántos nuevos ingresos de funcionarios públicos generó el Estado, manejado por una izquierda que cuando era oposición criticaba con acierto un clientelismo político que se queda enano al lado del que el progresismo nos está propinando en la Administración Central y en las intendencias? Le respondo. Dicen que más de 30 mil. ¿Verdad que el contador Astori no usaría así el dinero si en lugar de ser el nuestro, el que con tanto esfuerzo le aportamos al Estado, fuera el suyo?
Astori gastó tanto que no sólo no pudo guardar nada para los tiempos difíciles, los mismos que ahora Uruguay como el resto del mundo enfrenta, sino que incurrió en la imprudencia de aumentar la deuda pública del país en más de 4 mil millones de dólares en apenas tres años.
Y todavía el presidente Vázquez sostiene que Astori se fue del Ministerio de Economía por la puerta grande. Yo digo, la puerta esa, ¿también la vamos a terminar pagando nosotros?
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