El gran lío del Frente

Gonzalo Aguirre RamÍrez

Como toda regla tiene su excepción, por una vez estoy de acuerdo con una resolución que termina de adoptar el MPP. Y con algo que dijo Mujica. Créase o no, pero estoy totalmente de acuerdo. Fue el Ministro de Trabajo quien, al término de una reunión celebratoria de uno de sus más sangrientos atentados - el ataque a la comisaría de Pando-, declaró que el sector ha decidido que el candidato único del Frente sea electo por la gente, en las internas del mes de junio.

Entre Mujica y Astori, previa consagración de sus precandidaturas por el Congreso de la coalición, en lugar de que éste, sin participación de la ciudadanía, defina el orden de la fórmula y, de hecho, transforme en una parodia los comicios internos de su fuerza política.

Así debe ser, no sólo porque es el único camino democrático sino porque así lo impone la Constitución, desde sus enmiendas de 1996.

Hasta ahora, tanto en 1999 como en el 2004, y a pesar de que en la primera ocasión Astori se postuló inútilmente frente a Vázquez, candidato previamente ungido por la cúpula, sus presidenciables fueron digitados a espaldas del pueblo.

Este sólo ofició de partiquino, refrendando en elecciones canónicas, lo que ya había sido resuelto entre 4 paredes. Y, quizás, por cuatro dirigentes con vara alta en el "progresismo".

Mujica, en su discurso, dijo algo obvio, pero necesario a los efectos de su comprensión por sus correligionarios: "Estamos en una república no en una monarquía".

A menudo critica a Vázquez, de palabra o de hecho, sin razón. Como cuando se mandó un doblete de visitas al matrimonio Kirchner, olvidándose de las agresiones que de éste han recibido nuestro país y su Presidente.

Pero, esta vez, su crítica al apoyo expreso y reiterado del primer magistrado a la candidatura de Astori dio en el clavo. Le asiste toda la razón. No es función de un Presidente de la República digitar, dentro de su partido, a su eventual sucesor en el cargo. Muy lejos estamos ya de los tiempos de "anoche me llamó Batlle".

El pasado sábado, en artículo por supuesto escrito antes de que trascendiera esta novedad política, Javier García censuró en su columna la práctica antidemocrática que ahora, parece, va a ser archivada.

Y comparó, con sobrada razón, la pésima costumbre frentista de marginar a sus militantes y votantes de la más importante de las decisiones políticas que debe adoptar un partido, con lo actuado por los nacionalistas -y también por los colorados- en las dos elecciones internas hasta ahora celebradas.

En ambas oportunidades sus candidatos fueron ungidos por el voto de la ciudadanía. El pronunciamiento emanó de las urnas y no de cabildeos y transacciones hechas a espaldas del soberano. Como lo quiso el constituyente y como debe ser en una auténtica democracia.

Escrito el sábado lo que antecede, el domingo me entero de que por lo menos tres de los otros sectores del Frente -el de Astori, el socialismo y la Vertiente- rechazan el planteo del MPP. Prefieren seguir "procurando una fórmula de unidad", dijo el senador Baraibar.

Es decir, volver a marginar al pueblo de la elección de su presidenciable. Y un dirigente socialista, para el caso de que ello no marche, disintió con que fueran sólo dos los precandidatos. En lo que, teóricamente, tiene razón.

De todo lo cual, surgen dos conclusiones: que todo lo democrático, a muchos dirigentes frentistas les rechina, y que están en un gran lío.

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