Poner las barbas en remojo

Gustavo Penadés

El mundo viene siguiendo con creciente preocupación lo que está sucediendo con la economía. Ya no se trata de que ésta o aquella nación puedan entrar en crisis, sino que hay voceros de organismos internacionales que hacen referencia a una crisis global.

Los economistas son cautos a la hora de pronosticar la duración e impacto de la crisis en las economías regionales. En la nuestra, por lo pronto, reina de a momentos el pánico y siempre la incertidumbre. En nuestro país, lo que se ha percibido hasta ahora es la suba del precio del dólar y la cancelación de exportaciones. No es aventurado predecir que, de no modificarse la situación, se producirá una baja tanto en el volumen como en los precios de los principales rubros de exportación. No debemos olvidar que a excepción de algunos rubros en donde hubo un crecimiento de los volúmenes físicos exportados, en otros lo que elevó los ingresos por concepto de exportaciones fue el aumento de los precios internacionales. Por tanto, no es descabellado suponer que si se ingresa en un ciclo de rescisión mundial, los sectores que impulsaron fuertemente el crecimiento del PBI verán reducida su actividad, y que, en función de eso y de la concatenación de otros factores se producirá un desaceleramiento de la economía.

Al momento de escribir este artículo nos enteramos de las medidas que algún frigorífico ya está tomando en razón de la disminución de la demanda internacional.

Tenemos, como no podría ser de otra manera, la esperanza de que la situación no alcance la gravedad que le conceden algunos vaticinios y que la región no se vea seriamente afectada. Más, de todas maneras, sí creemos que Uruguay debería estar preparado para afrontar escenarios adversos.

Y en ese sentido, parece oportuno repetir, aunque se peque de reiterativo, lo que tantas veces le marcamos al equipo económico: la ausencia de políticas anticíclicas. En buen romance: guardar para cuando no hay. No obstante, el reclamo no solamente fue desatendido sino que fue encendidamente rebatido, previéndose que los excepcionalísimos tiempos que atravesaba el país perdurarían por siempre. Afirmados en dicha convicción el endeudamiento externo creció en unos 3.000 millones de dólares y se manejó el gasto público sin focalizarlo en las áreas en que era más necesario.

Sorprende que el Cr. Astori, siga afirmando que las cosas se hicieron bien, y dedique su tiempo, alegremente, a la campaña electoral, lanzando desafíos que buscan llevar agua para su molino, con la "ingenuidad" de pretender comparar situaciones y cosas que nada tienen que ver. ¡Ojalá el país que recibió el gobierno del Partido Nacional hubiera sido el que recibió Vázquez! ¡Sin amenaza de hiperinflación, con superávit fiscal y creciendo a niveles increíbles a dos años de una crisis terrible! Y por sobre todo, sin una oposición esencialmente destructiva de la que él mismo fue principal portavoz.

No son fácilmente olvidables las interpelaciones, pintadas, manifestaciones alentadas por la prédica de quien hoy afirma "yo no fui, pero, miren que tampoco cambié; sigo siendo el mismo"!

No estaría demás un baño de humildad y asumir los errores de una conducción económica que aumentó el endeudamiento, castiga el esfuerzo del trabajo; premia las rentas de capital; no REBAJÓ impuestos e hizo más difícil la vida para los que menos tienen.

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