¿No será hora de despertar?

DIEGO FISCHER

Qué lástima que te tengas que ir de Montevideo; no hay en América Latina una ciudad como esta", le dijo Pedro a mi amigo Eduardo, la semana pasada mientras desayunábamos en Medialunas Calentitas.

Los dos son españoles y han viajado por el mundo; Pedro conoce como nadie América Latina y Eduardo -funcionario diplomático acreditado en Uruguay desde hace cinco años-, ha caminado y mucho la ciudad y el país todo, ejecutando proyectos innovadores de cooperación internacional.

Pedro lleva 35 años consecutivos recorriendo el continente: de México a Buenos Aires. Sabe de qué habla cuando se refiere a Latinoamérica y a su gente.

Hace unos años compró un apartamento en Pocitos y desde entonces -una semana al mes- vive aquí; el resto de sus días transcurren en las capitales de las tres Américas.

Él sostiene que en ningún otro lugar se puede andar como en Montevideo: "sin custodia, distendido y conversando con los amigos en un café, sin ser molestado".

En la rueda también estaba Antonio, un uruguayo que pese a ser oficialista, no oculta su desánimo por la dejadez de Montevideo, el aumento de la inseguridad y las dificultades para cambiar hábitos y procederes de los uruguayos: el escepticismo parece haberle ganado la partida a la ilusión.

Casi cumplida su misión en nuestro país, Eduardo aspira a un nuevo destino en el continente. Entre sus logros aquí está el haber dirigido y aplicado proyectos que, además de exitosos, hoy son considerados en el mundo como modelos ejemplares de cooperación internacional eficiente.

Tanto Pedro como Eduardo coinciden en que Uruguay tiene todo para alcanzar niveles de desarrollo en corto tiempo y -por ende- el bienestar de su gente.

Las mesas de café son ámbitos propicios para arreglar el mundo y arribar a conclusiones -muchas veces- sensatas. El otro día, Pedro hizo una reflexión que a mí aún hoy me da vueltas por la cabeza: "el Maracanazo fue algo tan extraordinario que los uruguayos se dieron por cumplidos. Ya hemos hecho todo y nos vamos a dormir, parece que dijeron entonces. Han pasado 58 años. ¿No será hora de despertar?"

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar