Pepe y el bronce

RICARDO REILLY SALAVERRI

El senador Mujica dijo ser partidario de traer a Uruguay a familias campesinas pobres de Paraguay, Bolivia, Perú y Ecuador, para poblar la campaña y "atacar el problema más grande que tiene Uruguay que es el demográfico". La iniciativa fue planteada el pasado martes en el programa Puglia y compañía de canal 10. El líder del MPP dijo que Uruguay necesita "inserción masiva de sangre primitiva, joven, recia, dura, que solamente un campesinado puede generar.

"Advirtió que hoy los campesinos no están en la vieja Italia o España y que "ésos de los países latinoamericanos son necesarios siempre que sean fuertes" y "tengan esa crudeza de la mentalidad campesina que hace comida con poco". Admitió se le puede cuestionar que no desarrolle esa política con los pobres uruguayos. "Los pobres acá no me van a agarrar una pala, ni un pico ni en pedo" apuntó.

Entre las groserías del inefable personaje, elevado a tal rango especialmente por los informativos de la televisión, que diariamente, entre accidentados, robados, asesinados y violados, le enchufan a la opinión pública minutos concedidos al incomparable y mal hablado macaneador, la que precede es sin duda una de sus intervenciones más originales. Esperemos los informativistas adictos le den a conocimiento general.

Ante la original propuesta vienen a la mente una serie de sentimientos e interrogantes. En primer término en nuestro país nunca se ha hablado de campesinos, expresión frecuente en países latinoamericanos mucho más pobres intelectual, cultural social y económicamente que nosotros. Sino que hablamos de gauchos, productores rurales, ganaderos, granjeros, agricultores, peones de campo, etc.

Para continuar, no es malo recordar que Argentina -por ejemplo- tiene reiteradamente problemas con la gente que emigra de sus vecinos norteños e ingresa por la frontera terrestre a su jurisdicción por -justamente- su escaso o nulo nivel educativo, su falta de civilización, su indolencia, y -acortando- porque son personas que desde el nacimiento tienen mala atención sanitaria y generan gastos enormes de atención médica, problemas de orden público y desplazamiento de alguna mano de obra local.

Después se abren algunas dudas. Una hace al como se haría la selección. Una posible solución sería hacer un llamamiento internacional a traficantes de seres humanos para que se hicieran cargo del asunto. Y en esta importación, que de eso se trata, ¿quién fijaría los valores de cada ser humano y redactaría los pliegos para la licitación de traficantes?

O, como parecería oportuno según las ideas del "Pepe" lo ideal sería hacer un canje de indios por pobres uruguayos, que no le van a agarrar "una pala ni un pico ni en pedo".

Respecto de la forma de trabajo está clara. Irían a trabajar -según la expresión literal- como los viejos presidarios con pico y pala, y para que no tengan vacilaciones sobre el sistema, cabe recurrir a manuales antaños de los tiempo de la esclavitud, o de la mita y la encomienda colonial y, obvio, a aquel que no acate lo que se le ordene, bueno... Se sabe la que le espera.

Algo más humanista podría ser aplicarles la vieja ley de bronce de los salarios, de las horas del capitalismo salvaje, que consiste en retribuirles a los trabajadores con solo lo que precisaban para reponer energías y reproducirse.

Y cuando la indiada "primitiva, joven, recia, y dura" esté entre nosotros, a ponerse un taparrabo, unas plumas y de ser necesario gritar: ¡socorro!

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