Católicos y judíos estrechan sus manos en el sínodo de obispos

Benedicto XVI. Dice que la fe puede llegar a "extinguirse" en algunos países

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VATICANO | EL PAÍS DE MADRID

Y AGENCIAS

Obispos de todo el mundo se reunieron ayer en el Vaticano abriendo el sínodo. Allí Benedicto XVI opinó sobre la crisis de la fe y por primera vez un rabino fue invitado para hablar sobre "la Palabra de Dios".

"Mi presencia ante el sínodo es una señal de esperanza, un mensaje de amor, de convivencia y paz para nuestras generaciones y para aquellas futuras", afirmó el rabino de Haifa (Israel), Shear Yshuv Cohen, ante más de 300 obispos, observadores y expertos en la Biblia que asistieron ayer al Vaticano.

El religioso, que conoce de memoria la Torá, los cinco primeros libros de la Biblia, recordó la "larga historia de sangre y lágrimas" que marcó las relaciones entre el pueblo judío y la Iglesia Católica.

Invitado para dictar una disertación sobre las Sagradas Escrituras, el rabino dejó esto de lado y optó por condenar al presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, por sus ataques contra Israel.

"Esperamos que ustedes como dirigentes religiosos protejan, defiendan y salven el Estado de Israel", instó Cohen.

La histórica invitación al rabino fue explicada por el portavoz del sínodo, el cardenal canadiense Marc Oullet. Dijo que fue invitado "para reparar la injusticia cometida con los judíos y también para manifestar el debido respeto a la interpretación judía de la Biblia".

"La vida en la fe y el impulso misionero de los cristianos están afectados por los fenómenos socioculturales como la secularización, el pluralismo religioso, la globalización y la multiplicación de los medios de comunicación", denunció el portavoz.

Crisis. Por su parte el Papa Benedicto XVI aseguró en la apertura del sínodo que "siempre habrá pueblos dispuestos a acoger la fe" aunque en otras regiones "ésta se debilite hasta el punto de llegar a extinguirse", como está sucediendo ahora mismo en algunas naciones que otrora fueron "ricas de fe y de vocaciones".

Durante la homilía (que leyó en italiano), el Papa explicó que la crisis que vive la fe católica en algunas naciones es consecuencia de la "influencia deletérea y destructiva de una cierta cultura moderna".

"Hay quien, habiendo decidido que Dios ha muerto, se declara dios a sí mismo, considerándose el único artífice del propio destino, y el propietario absoluto del mundo". Así, "desembarazándose de Dios", el hombre "cree que puede hacer lo que quiera y puede proponerse a sí mismo como la única medida del propio actuar", explicó.

Advirtió que cuando el hombre "elimina a Dios de su horizonte" y se convierte en "propietario absoluto" de sí mismo y "único patrón de la creación" se expanden "el arbitrio del poder, los intereses egoístas, la injusticia y la explotación", así como "la violencia en todas sus expresiones", tal y como demuestran los crímenes que cada día reportan los medios. "Al final, el punto de llegada es que el hombre se encuentra más solo; y la sociedad, más dividida y confundida", aseguró el Papa. Una solución, sugirió, es leer más y mejor las Sagradas Escrituras, que recogen el "mensaje consolador" de que "el mal y la muerte no tienen la última palabra", sino que "el que vence, al final, es Jesús. ¡Siempre!", exclamó.

Éste será, precisamente, el anuncio que la Iglesia "renovará de modo significativo" durante el sínodo, que se centra en el papel de la Biblia en la vida y misión de la Iglesia Católica.

En ese sentido, recordó el Papa, "es indispensable que la Iglesia conozca y viva lo que anuncia, para lograr que su predicación sea creíble, a pesar de las debilidades y la pobreza de los hombres que la conforman", y sobre todo en un momento en que muchos católicos "se alejaron de la fe y necesitan una nueva evangelización".

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