JOSÉ MASTANDREA
El Estadio Centenario, sus recovecos, sus escondites, su alma interior, tendría que ser un paseo obligatorio en el Día del Patrimonio. Pisar las escaleras donde se pararon los campeones mundiales de 1930, sentarse en las butacas de la Olímpica donde más de una vez estuvo Carlos Gardel como hincha, ver la mística Torre de los Homenajes y su majestuosidad, debería ser visitado por quienes aman el fútbol.
Lo mismo sucede con el Parque Central, la Vieja Quinta de la Paraguaya, escenario que forma parte de la historia misma del Uruguay.
Pero también tendrían que ser parte del circuito patriótico las sedes de Nacional y Peñarol. Las Copas, los títulos, las fotos, sus conquistas, son parte del rico patrimonio del hoy alicaído fútbol uruguayo.