REBAR | BUENOS DIAS
Apocas horas de que termine el mes que abre la estación primaveral, quiero recordar en esta columna a Los atenienses: porque el Atenas está cumpliendo 90 años y, más todavía, porque en los "twenties" -aquellos años locos que eran ejemplo de cordura comparados con los actuales- al llegar setiembre los montevideanos no daban la bienvenida a la primavera, sino a la Troupe Ateniense.
El conjunto estrenado en 1922 con el nombre de Troupe Jurídica -representando el 26 de setiembre, en el Solís, la obra premiada en un concurso de piezas teatrales concebidas por estudiantes universitarios- se constituyó desde el siguiente año (en que amplió su denominación original con el apéndice ATENIENSE) en "el brazo artístico" del Club Atlético Atenas: diríase, mejor, que aquél fue un brazo artístico-financiero, ya que la donación total de las recaudaciones de tres temporadas consecutivas (1923-24-25) configuró el cimiento para la adquisición de la primera sede con que contó el club de las alas negras.
Luego de un ciclo que transcurrió desde 1923 al 30 -con una pausa en el 28- ciclo signado por presentaciones en salas teatrales rioplatenses con localidades agotadas, en el año del Centenario decidieron despedirse. Habían cambiado los escenarios de la vida estudiantil, por los de las distintas profesiones que ya estaban capacitados para ejercer. De allí salieron médicos, abogados, arquitectos, diplomáticos, jerarcas bancarios, broadcasters, periodistas, concertistas de piano, músicos, compositores (Matos Rodríguez, entre ellos) que nos legaron tangos como "Garufa", que todavía hoy circula por todo el mundo.
Pero, como no podían con el genio, en 1932 volvieron a reunirse unos cuantos de los ex truperos, esta vez no en un teatro, sino en la histórica sede de Reconquista 519, para sumergirse por un tiempo en profundas horas de reflexión, y culminar con la edición del Primer Libro Neosensible de Letras Ateniense titulado "ALIVERTI LIQUIDA", en cordial reconocimiento a la molestia continua provocada por un aviso que las radios incluían en todas las tandas con dimensión de pandemia.
Ese libro -APTO PARA SEÑORITAS- fue presentado durante el II Salón de "Harte" Ateniense, realizado en el 32 en el Palacio Salvo (que les quedó chico)... y en las primeras páginas lucía una recomendación alusiva a esa joya literaria: "No lo preste. No lo pida prestado. No lo empeñe (ver pág. 60)". Era inútil acudir allí: las páginas no estaban numeradas.
La dedicatoria se iniciaba con ternura conmovedora: "A nuestras madres ¡pobres! con estos hijos que les han salido". El prólogo lo firmaba un vendedor ambulante de libros, que todos conocíamos por Guillermo: a tono con la categoría de la obra, clausuraba sus palabras con este ruego: "Que el microscopio de vuestro entendimiento perciba las células epiteliales de su ingenio (de los autores, claro) mientras la plebe cree que se revuelcan en el colchón de la ignorancia. He dicho. Está todo pago".
Queda dicho, también, que Guillermo fue un avanzado en materia de crítica bibliográfica.