La crisis en los EE.UU.

Frente a la crisis financiera y bancaria que sacude a Estados Unidos y a su gobierno, caben una pluralidad de enfoques. Desde medir su gravedad en términos de comparación con el célebre descalabro de Wall Street en octubre de 1929, con su secuela de años de profunda recesión y desempleo y su honda repercusión negativa a nivel mundial, hasta especular acerca de sus consecuencias en el pleito electoral entre Obama y McCain, a definirse el 4 de noviembre.

Desde juzgar si la propuesta de Bush para salvar a los bancos que están al borde del precipicio en que ya cayó el gigantesco Lehman Brothers es o no acertada -se parece, en escala infinitamente mayor, a lo que aquí hicieron Bensión y el Banco Central en nuestro fatídico 2002-, hasta evaluar las características sin precedentes y el resultado poco alentador que tuvo la reunión de Bush -en la Casa Blanca- con los candidatos a sucederle y un grupo de influyentes legisladores de ambos partidos.

Desde aprovechar torpemente para criticar al principal país del mundo, que lo seguirá siendo cualquiera sea la magnitud final y el desenlace de su crisis, y poner como ejemplo a su país, que está al borde de un desbarranque similar aunque de repercusiones necesariamente menores, como lo hizo la señora Kirchner, hasta lanzar vaticinios respecto a las consecuencias que el crack estadounidense tendrá a nivel planetario, en este mundo globalizado. En fin, desde afirmar que ningún país se va a librar de los coletazos negativos de esta formidable crisis, como ocurrió a partir de 1930, hasta aseverar miopemente que, por cefas o nefas, tales o cuales países están a salvo de dichas repercusiones negativas del cataclismo estadounidense.

Uno de los "argumentos" de quienes proclaman esa última zoncera, es que tales naciones, supuestamente invulnerables a la debacle, cuentan con un cúmulo de reservas que las pone a salvo de cualquier contingencia desfavorable. Lo que nos trae a la memoria que el entonces Ministro de Economía argentino, Domingo Cavallo, a mediados del 2001 alardeaba del "blindaje" con que contaba su país en el orden financiero. Pocos meses después, el supuesto blindaje de reservas se desplomó en un periquete.

Lo propio pasó en Uruguay, aunque no tan vertiginosamente, durante el 2002. Las reservas del Banco Central se esfumaron y hasta el Banco de la República tuvo que cerrar transitoriamente sus puertas. Ello pasó hace sólo seis años. No, hace setenta y siete, como en aquel 1931 en que el derrumbe de Wall Street precipitó a nuestro país en una crisis económica de cierta dimensión. No es preciso tener memoria de elefante para ir poniendo las barbas en remojo.

Tanto no lo es, que lo ocurrido en Estados Unidos ya ha tenido consecuencias en nuestras finanzas y en su mercado cambiario. Así, el dólar comenzó a revaluarse frente al peso uruguayo y el Banco Central ha tenido que elevar las tasas de interés que paga por las Letras de Regulación Monetaria, que emite para retirar pesos de plaza. ¿Por qué han ocurrido uno y otro fenómeno?, que lo expliquen los economistas. Ya que casi nunca sirven para prever lo que va a pasar -salvo contadísimas excepciones-, para eso pueden servir.

No faltarán quienes digan -optimistas nunca faltan- que los precios de los commodities han vuelto a subir, que China e India van a mantener su demanda de alimentos y que, por tanto, no hay razón para preocuparnos. Ignoran, por ejemplo, que la economía china está en vías de desaceleración, al punto de que la Bolsa de Shangai -la de mayor movimiento del mundo- desde hace ya algún tiempo viene registrando una tendencia a la baja en los valores que en ella se cotizan.

Es lógico que así sea, desde que la economía de Estados Unidos, que es el principal comprador del gigante asiático, no entró en dificultades en estos días. Las mismas se agravaron considerablemente, pero principiaron hace cerca de un año. En consecuencia, la economía china, así como la de cuantos países tienen como gran cliente a los EE.UU., se tiene que resentir. Y, a su turno, al extenderse la crisis, al caer el consumo y el empleo no sólo en Estados Unidos, otros muchos países verán mermar sus exportaciones y reducirán sus importaciones, en mayor o menor tiempo. Así ocurrió, después de octubre de 1929. ¿Qué santiguado salvará al Uruguay de ese trago amargo? Mientras tanto, irresponsablemente, el gobierno tira manteca al techo.

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