WASHINGTON | ANTONIO CAÑO,
EL PAÍS DE MADRID
En un país que libra dos guerras y que hace frente a la peor crisis económica desde la Gran Depresión, no sería extraño pensar que el electorado norteamericano, históricamente con instinto conservador, optara por el candidato más tradicional.
El problema está en saber quién ocupa ese rol, el del candidato más seguro y prudente, en esta campaña. Por lo visto hasta ahora y por paradójico que suene, no es el republicano John McCain sino el demócrata Barack Obama el que más prudencia, consistencia y serenidad ofrece.
La decisión de suspender su campaña y pedir lo mismo para el primer debate electoral (que finalmente se hizo) es la última prueba del carácter volcánico e imprevisible de McCain y muchos ven ahí un preludio de la montaña rusa que podría resultar su presidencia.
Al margen del rendimiento que ese movimiento pueda tener en las encuestas -incierto aún-, el golpe de efecto anunciado el miércoles ha politizado el debate en el Congreso sobre el plan de salvación de Wall Street y le ha dado a toda la campaña un aire de emergencia y de irrelevancia que puso en peligro que ésta cumpla con la misión a la que toda campaña electoral está destinada: transmitir a los ciudadanos los proyectos del próximo presidente. Se trató de una apuesta enormemente arriesgada, invocando el amor a la patria, que deja a Obama sin margen de maniobra y que pudo haber privado al electorado de la necesaria confrontación de ideas, máxime cuando existen grandes desafíos por delante.
Por la cronología que se conoce, no sería de extrañar que fuese además una apuesta improvisada, decidida, en medio de una cadena de noticias adversas para la candidatura republicana, después de que McCain recibiese una llamada de Obama con una propuesta de elaborar una declaración conjunta sobre la crisis. Igual de improvisada parece haber sido la otra gran decisión tomada por McCain desde que es candidato: la designación de Sarah Palin como compañera de fórmula, siguiendo su instinto de soldado valiente que no conoce el miedo. La ignorancia de Palin sobre cualquier asunto relevante de la Administración de un país es ya palpable. La propia Barbara Bush lo ha reconocido. La campaña republicana lo sabe, y protege a Palin de cualquier resbalón, que llegará antes o después, ahora o -eso es más grave- cuando esté en la Casa Blanca.
La apuesta esa vez pareció acertada, funcionó durante unos días, justo el tiempo en el que el entusiasmo de la prensa y la curiosidad del público se concentraron en la nueva estrella. Pero bastó la fuerza de los hechos, el estallido financiero, para que Palin quedara minimizada.
Se sabía del carácter temperamental de McCain. Un editorial de The Wall Street Journal criticaba el jueves la decisión de McCain de suspender su campaña. Es la segunda vez en una semana que eso ocurría. Anteriormente, el candidato republicano fue zaherido por el púlpito del establishment conservador por su propuesta de destituir al presidente de la SEC (organismo regulador del mercado) y por el tono exageradamente populista adoptado en relación con la crisis.
Antes de ser un populista y un rupturista -48 horas antes-, McCain era un oficialista. "Los fundamentos de la economía están sólidos", dijo al conocerse el terremoto en el sistema financiero. Varios de sus detractores aseguran que se deja llevar por lo último que le pasa por la cabeza y hace caso al último que le habla al oído. Ha cambiado tres veces de responsables de campaña. Su último viaje le ha trasladado, esta vez en menos de 24 horas, de la ferocidad de sus ataques a Obama -hasta Karl Rove dijo que le parecían excesivos- al bipartidismo y la causa común.
La industria del software también está temblando
El máximo responsable ejecutivo de Microsoft, Steve Ballmer, dijo que la demanda de software para computadoras, probablemente se vea afectada por la crisis financiera estadounidense.
Dado el número de programas que compran las corporaciones estadounidenses "sería razonable esperar que haya consecuencias``, dijo Ballmer (dirige la principal fabricante de software del mundo) en una entrevista, antes de un discurso pronunciado en Bellevue, estado de Washington. "Nadie sabe exactamente lo que va a pasar``. El gasto en tecnología había bajado aun antes de que la crisis empeorara en las últimas dos semanas. bloomberg