JORGE ABBONDANZA
Un mundo volátil, donde el dólar que bajaba estuvo subiendo y luego bajó, mientras el petróleo que subía estuvo bajando y después subió. El mismo día en que Lehman Brothers protagonizaba en Nueva York la mayor bancarrota de la historia, nueve presidentes sudamericanos firmaban en Chile un documento para prevenir otra quiebra, la del régimen institucional boliviano.
Esos dos barquinazos, capaces de sacudir las bolsas de valores pero también el bolsón democrático del continente, mostraron el tembladeral por donde camina el mundo, mientras el presidente venezolano invitaba a la armada rusa a compartir maniobras por el Caribe, en las narices de la IV Flota. Unos apagan el incendio y otros lo abanican.
Tuvo muy buena concurrencia la asamblea de presidentes de la Unasur en Santiago, que culminó el lunes 15 con una entusiasta declaración en defensa del gobierno constitucional de Bolivia. En ese texto los asistentes rechazaron "cualquier situación... que comprometa la unidad territorial" de dicho país. Leído por la presidenta de Chile, el documento no podía ocultar la ironía de que esa unidad territorial había sido mutilada justamente por los chilenos luego de la Guerra del Pacífico, pero es con tales vueltas de tuerca que suele escribirse la historia.
Más interesante que el pomposo pronunciamiento santiagueño fue lo que ocurrió 24 horas antes en La Paz, donde el gobierno y la oposición reanudaron un diálogo largamente interrumpido, poniendo fin a los cortes de ruta y desórdenes callejeros que desde el jueves 11 habían dejado un saldo de 18 muertos, 50 desaparecidos y más de 100 heridos.
Con toda prudencia, y considerando la corta distancia que puede separar una revuelta popular del colapso de un régimen, los presidentes sudamericanos tuvieron un gesto colectivo de solidaridad, que entre otras cosas puso paños tibios sobre el hervidero de ciertos incidentes, como la reciente expulsión del embajador norteamericano de La Paz (y luego de Caracas) lo cual promovió no sólo la reciprocidad de Washington sino el modelo de estilo diplomático con que el presidente venezolano ordenó esa expulsión ("Yanquis de mierda, váyanse al carajo"), una sutileza que no le impide seguir vendiendo petróleo a esos mismos yanquis.
El enemigo no deja de ser un buen cliente, sobre todo cuando los dólares continúan almacenándose en valijas que a veces llegan al lugar menos pensado.
En sus mejores frases, lo que se conoce desde el lunes 15 como la "Declaración del Palacio de la Moneda", consagra las instituciones democráticas y el respeto a los derechos humanos. Sería bueno que esa voz continental se escuche desde México, donde aparecieron otros veinticuatro cadáveres baleados por la nuca en un bosque próximo a la capital, con lo que ya suman 3.167 los muertos de la guerra de la droga sólo en lo que va de este año.
No hay derechos humanos que valgan en medio de semejante masacre, lo cual obliga a seguir bregando para que América Latina se sosiegue.