Tota Santillán bailó ayer en Montevideo

Recorrió la calle Sarandí pidiendo el voto uruguayo

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FERNANDO MANFREDI

A las 3 de la tarde la peatonal sarandí, lucía muy concurrida. pero a las habituales especies urbanas comunes en la zona (oficinistas, corredores, bancarios) se sumaban habitantes foráneos y expectantes: madres con chicos, abuelas con nietos, muchos adolescentes y varios señores con aires de "yo no estoy para esas cosas".

Todos esperaban obviamente a Daniel "La Tota" Santillán que había cruzado a Montevideo con la soñadora uruguaya Virginia Dobrich y en varios sitios de gran concurrencia desarrolló su propia y original campaña por el voto telefónico que los ubique definitivamente entre los finalistas de Bailando por...

A eso de las 4, alguien avisó que "La Tota" estaba ya en El Pony Pisador, el local de la calle Bartolomé Mitre, donde a la noche se presentaría con la soñadora uruguaya y el grupo L`Autentika.

Al llegar a donde se encontraba el conductor, devenido en personaje mediático, se lo veía rodeado de chicos y señoras que demandaban autógrafos, besos y fotografías. Él, luciendo una camiseta negra con fotos de Cacho Castaña y Roberto Goyeneche coronadas por la frase "100% bohemios", se prodigaba a todos repartiendo de paso folletos con el número de teléfono (13013) al que hay que enviar un mensaje de texto, para que la pareja siga en carrera.

Es claro que Santillán está arraigado en la gente que lo sigue, lo toca, le habla como a un viejo conocido. La sobreexposición que ha tenido producto de su separación de Fernanda Vives, no ha mellado su popularidad. De cerca no parece que "La Tota" juegue a otra cosa que ser el mismo, tanto que al llegar a la esquina de la Peatonal y ver el logo de una conocida pizzería, la nombró con un entusiasmo que hacía pensar que de buena gana se hubiera detenido a castigarse con una mozzarella.

A medida que avanzaba hacia la Plaza Matriz con un cortejo de chicos, señoras y curiosos, se sucedían las fotos, -no dejó a nadie con el deseo de lograr una con él- los abrazos y los gritos de aliento que bajaban desde los balcones. Alguien le arrimó un celular para que charlara con una persona que estaba en su casa y otra vez más, las cámaras digitales y los teléfonos se elevaron para registrar el momento.

La extraña tarde primaveral, con un cálido sol, pero con un aire frío que parecía esconder las resacas del invierno, fue testigo de esta presencia que mucho tiene que ver con el impacto de participar en el programa de Tinelli, pero también con su propio carisma.

"Es La Tota Santillán señor", decía una chica a un conductor que no entendía el motivo de tanto alboroto. "Es el que baila por el sueño de la uruguaya".

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