G. TRINIDAD/ F. FERNÁNDEZ
Luis Eduardo Aloy quiso salvar su vida tirándose tras una puerta de madera pero no calculó que la bala podía atravesarla. El o los que lo mataron a través de una reja, sabían que no podrían robar nada porque estaba cerrada con llave.
En un acto tan cruel como gratuito, arruinaron una familia y terminaron con la vida de un excelente estudiante de 18 años que soñaba con volver a su Rivera natal con el diploma de electricista de barcos que recibiría en tres meses, después de cuatro años de mucho sacrificio en Montevideo.
Ayer, sobre las 19 horas volvió a su querida Minas de Corrales pero sin el diploma entre sus manos.
Este crimen se suma al ocurrido hace tres días a pocas cuadras, donde Alejandro Rodríguez, de 29 años, fue asesinado de tres disparos en la puerta de sus casa y delante de su hijo de siete años.
Luis Eduardo Aloy Maya se hacia un tiempo entre el estudio y trabajaba de las 19 a las 22 horas en un almacén de Austria 2405, en el barrio Casabó, desde hacía un mes. El local tiene dos rejas, la que da a la calle estaba abierta. Los delincuentes atravesaron el pequeño patio que sirve como verdulería y llegaron hasta la otra reja en la puerta del almacén.
Luis, por recomendación de la dueña del local, siempre la tenia cerrada con llave y abría según la cara o si eran clientes. En ese momento estaba reponiendo azúcar en las estanterías. No se sabe exactamente que pasó entre esos segundos y la detonación que se escuchó.
Lo más probable es que le apuntaran para que les diera el dinero que había en la caja. Esconderse tras la puerta no lo salvó de recibir un tiro por la espalda cerca de la axila izquierda.
La propietaria del local y los vecinos escucharon el tiro pero no vieron a nadie huir. Inmediatamente la voz de Luis gritando que lo habían herido. Un vecino lo llevó en una camioneta hasta el Centro de Salud del Cerro y allí murió. "Ya nos robaron muchas veces, vienen, piden el dinero y se los damos, se ve que Luis se escondió. Era un muchacho buenísimo que nuestra familia conocía hace años. Comía y tomaba mate con nosotros. Vivía acá en el Cerro y llevaba un vida muy simple, hacia esta changa para tener algunos pesitos pero su mayor ocupación eran los estudios en la Escuela Técnica Naval, adonde iba de mañana", contó la propietaria del almacén en diálogo con El País.
En la escuela sobre el arroyo Pantanoso le decían "El Canario", era muy querido y ayer la bandera flameando a media asta era un símbolo del luto que se vivía.
Policías de la División Homicidios y de la Seccional 24a. realizaron operativos pero hasta anoche no había detenidos.
EN LA CASA. Luis Eduardo de alguna manera nunca dejó su departamento natal y su familia. La madre cada día, desde hace cuatro años, abría un mensaje de celular que decía: "Te amo mamá". Era de su hijo que estaba en Montevideo.
Al lado de la Escuela 70 donde Luis Eduardo estudió, en la Ruta 29, apoyado sobre la parte trasera de una camioneta, Jhonny Aloy, un hombre de manos curtidas por el trabajo, esperaba que arribara el cortejo que traía los restos de su hijo asesinado en Montevideo. Adentro, en la cocina, rodeada de familiares y amigos, Alba Maya lloraba su dolor.
El de ayer fue el peor día en la vida de esta familia ahora destrozada. Adriana, una hermana de Luis, no olvidará nunca su cumpleaños de 12 que era, justamente, ayer.
Alba mantenía un monólogo con su dolor inefable: "que aparezcan los asesinos. Lo único que quiero es Justicia para mi hijo. Los quiero a todos mis hijos, pero él, era mi mimoso. Siempre le pedí a Dios que me llevara antes; ¿por qué no lo hizo?". Y la pregunta resonaba en el silencio sin respuesta.