Un camino que no lleva a Moscú

MATÍAS CASTRO

Con su habitual toque romántico, algunos medios del espectáculo argentino están hablando de que Wanda Nara ha renunciado a todo por amor. Ayer volvió a Buenos Aires junto a su esposo, el futbolista Maxi López. Estaban en Moscú, instalados por cuestiones laborales de él. Como siempre, a este tipo de cosas se les da un aire de cuento de hadas bastante alejado de la realidad.

Y al final de cuentas, lo único cercano a la realidad es que, desde el punto de vista del resto de los mortales, la suya parece una historia de telenovela: una chica hace lo que debe hacer, crece, logra una carrera, gana buen dinero, conoce a su príncipe azul, se casa con bombos y platillos y listo. "Sanseacabó", como decían en mi familia. Mentira, porque Wanda ha vuelto por más.

Nos gusta ver el asunto de forma idílica. Pero las siliconas cuestan mucho dinero. El gimnasio, personal trainer, maquilladores, vestuarista, nutricionista, cama solar y demás aditamentos, también cuestan mucho. Y además del factor dinero, está el ego. Wanda tiene un enorme ego. No hay otra cosa que pueda sostener el rostro de piedra de una chica que a los 17 años decía que estaba "en pareja" con Maradonna, que luego se burló de todo el mundo diciendo que era virgen y que luego lo desmintió con total desfachatez. Ella tenía bien claro el camino que quería seguir y no apuntaba precisamente a Moscú.

Ayer de mañana llegó y por la noche fue al programa de Susana Giménez. Esto no se arregla en dos minutos. La nota en el programa ya estaba pactada desde antes y esto sólo quiere decir que Wanda lo había planificado. No es tonta. Sabe cómo manejar sus entradas y salidas en la televisión. Y con todo lo que logró, difícilmente quiera abandonarlo. La prueba está en que su visita a Argentina incluyó a su familia y también a su redituable televisión. Sabremos más de ella en el futuro.

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