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JUAN MARTÍN POSADAS
Acá, en este rincón de la tierra purpúrea, hace una eternidad que venimos hablando de renovación política. Hablamos mucho y concretamos poco.
La campaña electoral de Estados Unidos muestra una renovación política fenomenal. Es asombroso que un país que ha cargado sobre sus espaldas durante ocho años a Bush hijo, un Presidente inepto pero, además, mentiroso, que metió a su país en una guerra costosa e inútil la cual deshizo a Irak y desestabilizó toda la región; gobernante fanfarrón y fracasado, entregado a los lobbies del petróleo y de los armamentos… y de ese agobio, del flagrante desconocimiento de los valores americanos ancestrales como el respeto por los derechos individuales y las libertades públicas, ha salido una renovación política vital, alegre e inteligente y que abarca tanto a Demócratas como Republicanos.
Las dos caras de esa renovación son, evidentemente, Barak Obama y Sarah Palin. Pero no se trata sólo de dos caras nuevas, dos elementos de refresco en el panorama político. Pero, ojo: no se renueva la política sólo con caras nuevas. Hay muchos nuevos (acá y en USA) cuyo entusiasmo juvenil se invierte en el aprendizaje de las consabidas destrezas (o viejas mañas), convencidos que la política es eso. Renovar tampoco es rotar en el tablero las viejas fichas cambiando a las figuritas de siempre. Nuevo es lo que se sale del trillo, lo que inventa su libreto (autenticidad básica), lo que crea, no lo que repite.
El mismo McCain, que no es por cierto una figura nueva en el escenario político, se está apoyando en sus diferencias con el pasado y con el sistema. Dijo en Minnessota, en la Convención Republicana: "siempre he marchado al ritmo de mi propio tambor y no trabajo para un partido". Ese soldado y ex preso de guerra subrayó su independencia en otro discurso: "Dejamos que Washington nos cambiara. Perdimos la confianza del pueblo cuando algunos Republicanos cedieron a la corrupción. Perdimos su apoyo cuando valoramos más el poder que los principios". Ni Bush ni ninguna otra figura del gobierno lo acompañó en su proclamación; probablemente no fueron invitados.
Pero la renovación de la política estadounidense se llama Obama y Palin. Un candidato mestizo, cuya abuela vive en una aldea de África, que salió de la nada política y sólo con su discurso le ganó la candidatura a una veterana como Hillary Clinton; consiguió que lo votasen en las internas mucha gente que no votaba ni siquiera en las elecciones nacionales y -lo que en Estados Unidos expresa mucho- recolectó fondos millonarios para su campaña, más que su oponente que tenía atrás la maquinaria del Partido.
Palin, por su lado, es la nueva revelación. Gobernadora de Alaska (lo que acá equivaldría a ser intendente de Artigas, con perdón del amigo Silveira), en sólo dos discursos le mostró a todos sus críticos -los Demócratas, la prensa y el establishment político- que no se amilana. "En estos pocos días -dijo- he aprendido que si uno no es miembro de la elite de Washington algunos medios lo consideran un candidato no calificado. Les digo, y es mejor que se vayan enterando, que no voy a Washington para buscar su opinión favorable sino para servir a la gente de mi país".
No sabemos quién ganará en Estados Unidos ni menos aún cómo será la gestión de quien gane. Como dijo J. Castro, la elección de noviembre será entre Obama y McCain, pero en términos políticos, en los Estados Unidos de los diez o quince años que vienen, la opción será entre Obama y Palin. ¡Esto sí que es renovación!
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