GUILLERMO ZAPIOLA
Hay toda una tradición de humor negro británico (una característica nacional, diríase) tras "Muerte en un funeral", comedia dirigida por Frank Oz que se estrena mañana en Montevideo.
Ya se sabe que los funerales convocan a la gente más extraña y generan situaciones a menudo pintorescas. Eso es lo que ocurre, según toda referencia, en esta película de Oz.
El `pater familias` ha muerto, y sus parientes se disponen a realizar su funeral. La situación saca a relucir toda una serie de tensiones entre los hijos. Oposiciones y tensiones hasta el momento más o menos controladas salen a luz. La aparición de un extraño que afirma conocer un oscuro secreto del difunto empeora las cosas. A partir de ese momento, cualquier cosa puede suceder, incluyendo los sobresaltos de un hijo que no quiere quedar como un fracasado cuando todo empieza a salir mal, o una chica que desea impresionar a su padre presentándole a su sensato prometido justo cuando éste ha tomado por error un alucinógeno y se pasea desnudo por el lugar.
Una experiencia personal del escritor Dean Craig le sirvió de punto de partida para su guión. Hace algunos años asistió al entierro de su abuelo, y se encontró participando en una serie de situaciones realmente muy extrañas. Cuando se puso a escribir al respecto, no pensaba en principio en imprimirle al material un tono farsesco, pero éste fue apareciendo de manera casi natural a medida que el texto se expandía.
Es que los funerales se prestan justamente para eso: la situación absurda cuando todo debería ser solemne, la carcajada que estalla en el momento inadecuado, quizás la necesidad de expresar que la vida sigue a pesar de todo.
Para el papel del hijo "bueno" que solamente quiere despedir a su padre pero que acaba enredándose en una disparatada telaraña familiar, los productores eligieron a Matthew Macfadyen, quien se hiciera notar por su encarnación del Sr. Darcy en la versión cinematográfica de Orgullo y prejuicio que Joe Wright dirigiera en 2005. Su fanfarrón hermano que llega a último momento desde Nueva York y empieza a complicar las cosas es Rupert Graves, a quien se vio hace poco en V de Venganza. La prima de ambos es encarnada por Daisy Donovan, famosa actriz cómica británica que había actuado en Millones de Danny Boyle. El habitualmente centrado pero drogado por error novio de ésta está interpretado por el texano Alan Tudyk, quien hiciera en Broadway Spamalot, con los Monty Python.
Otro personaje que juega un papel crucial en la historia es el taciturno desconocido que repentinamente saca a relucir secretos, chantajes y maniobras desesperadas, que está a cargo del actor y escritor Peter Dinklage. Y aún habría que mencionar, por lo menos, al tío Alfie, personaje enfrentado a casi todos los otros y que aparece encarnado por el veterano Peter Vaughan.
El director Frank Oz ha señalado que tenía en mente algunas clásicas películas británicas de humor negro (films de la empresa Ealing de los años cuarenta y cincuenta como Los ocho sentenciados o El quinteto de la muerte), o algún antecedente norteamericano como Arsénico y encaje antiguo de Frank Capra a la hora de encarar esta historia de un funeral.
Del mundo de los Muppets a una carrera en el humor
El director Frank Oz nació en Inglaterra pero ha desarrollado la mayor parte de su carrera en los Estados Unidos. Antiguo colaborador de la factoría de Jim Henson, el creador de Los Muppets, ha mostrado un pulso para la comedia a lo largo de una extensa filmografía que incluye títulos como El cristal encantado (1982), La tiendita del horror (1986), Dos pícaros sinvergüenzas (1987), ¿Qué tal Bob? (1991), Tu casa es mi casa (1992), La llave mágica (1995), ¿Es o no es? (1997), El director chiflado (1999), Cuenta final (2001) y Las mujeres perfectas (2004).