CARLOS GALLO
Esta vez en la Gran Manzana no habrá final soñada. El suizo Roger Federer cumplió el sábado su parte al ganarle a Novak Djokovic en 4 sets, pero Rafael Nadal se encontró ante la muralla escocesa de Andy Murray y no pudo superar las dificultades que le planteó el desde hoy N° 4 del mundo.
El sábado era un partido que en lo previo parecía favorable a Djokovic, por el gran nivel de juego mostrado por el serbio y el bajo momento de confianza de Roger; sin embargo Federer nos hizo acordar al de sus buenos viejos tiempos y en 4 sets 6-3, 3-6, 7-5, 6-2 se quedó con la semi, su 17ª semifinal de Grand Slam consecutiva, a dos del récord de 19 de Ivan Lendl.
Las claves fueron el notable servicio del gran Roger y su derecha que corrió como antes, moviendo de un lado al otro a Nole, y si hubiera voleado más eficazmente el partido se hubiera definido en 3 parciales.
Ayer se reanudó el encuentro entre Rafa y Murray, suspendido por lluvia el día anterior; 2 sets abajo el español y quiebre arriba en el tercero. Parecía que hasta el clima estaba a favor del ibérico ya que conservó su saque y se quedó con el parcial. Sin embargo el escocés revirtió un quiebre en la cuarta manga, se la llevó y con eso llegó a su primera final de un torneo Grande. Jugó increíble, metido en la cancha, pegándole a la bola casi de sobrepique para evitar que se levantara y tomara el efecto que le imprime Nadal.
Y si a esto le agregamos un sólido servicio, mover al español de lado a lado y subidas inteligentes y efectivas a la red nos explicamos porqué ganó Murray.