Nuevo panorama

Juan Martín Posadas

El estudio y el análisis de los partidos políticos revelan los anhelos y aspiraciones de una sociedad. En los tiempos preelectorales ese análisis se "electoraliza", se reduce a la comparación de un partido con otro; al fin de cuentas, votar es comparar. Sustraído de esa coyuntura circunstancial, ese estudio tiene utilidad como lente para observar la realidad general del país.

Cuando Uruguay votó en las elecciones pasadas dejó ver qué era en ese momento y qué aspiraba a ser. Con un resultado tan contundente los números hablan solos. El Uruguay quería dejar atrás una modalidad y unos agentes políticos y abrigó una expectativa, imprecisa pero real, hacia lo que sobrevendría después del desalojo.

Pasada esa instancia y en vísperas de una nueva elección se abren interrogantes: después de un período de gobierno ¿cuánto de aquella esperanza o expectativa depositada en el Frente Amplio es aún operativa para la próxima elección? Esta pregunta, naturalmente, sólo es pertinente en el caso de los ciudadanos que reúnen dos condiciones: primero, que efectivamente piensen su voto y, segundo, que efectivamente tengan esperanzas referidas al futuro y al próximo gobierno.

Al día de hoy, después de tres años largos de gobierno del Frente Amplio, es evidente que se ha producido un cambio en esa fuerza política. Las expectativas y esperanzas que motivaron aquel voto aluvional (esa cantidad de uruguayos que votaron a la izquierda sin haberse convertido al marxismo) ya no están presentes.

No lo están porque las circunstancias han cambiado: los estrenos, por definición, tienen lugar una sola vez y el ejercicio del gobierno produce cambios en el partido que lo ejerce. ¿Qué es lo que ha cambiado en el Frente Amplio? El Frente se ha convertido en bifronte.

Astori y Mujica no son meramente dos precandidatos: son las dos caras del Frente, son la representación personalizada de los dos destinos finales que traía embarullada la ola de votos de la elección pasada. En la mirada hacia delante que el momento impone, aparecen explícitos los diferentes destinos finales de esa opción política que, durante tanto tiempo, pareció ser una.

La caracterización que hacen ahora muchos analistas políticos es falsa en cuanto a las personas -Astori y Mujica- pero es veraz en cuanto al fondo del asunto. Me explico. Cuando se describe a Astori como la modernidad, el cuidado de los equilibrios económicos y la apertura y, a su vez, se describe a Mujica como lo radical, revolucionario y colectivista, se cae en confusión.

Ni Astori es eso ni Mujica es así. Pero esa descripción, falsa en cuanto a las personas, es exacta referida al Frente. Lo que antes no quedaba claro ahora lo está y los votantes de ayer tendrán que ponerse a pensar cuál de los dos Frente Amplios quieren. La izquierda uruguaya pudo escamotear un proceso interno de redefinición (que todas las izquierdas del mundo tuvieron que resolver después que cayó el muro) mientras duró su condición de promesa electoral. Una vez que ganaron, una vez que la expectativa no puede ser la victoria sino su uso, hay que constituirse en promesa de otras cosas.

Las aspiraciones personales siempre juegan, pero no hay dos candidatos porque Astori y Mujica sean unos porfiados; se ha dado una especie de dinámica espontánea que ha llevado a que el Frente no pudiera seguir más en la indefinición que fue su atractivo. La realidad pudo más que todos los arbitrios de sensatez o conveniencia. Ahora lo que se va a elegir es un destino.

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