BOGOTÁ | JORGE SAVIA
Hay que saber cuándo jugar al fútbol, cuándo se debe meter y cuándo se debe ser inteligente. Y todo esto Uruguay lo hizo anoche, agigantándose en El Campín en todos los aspectos, porque trepó tanto en la tabla de posiciones como en la consolidación del equipo y, lo más importante quizá, en la consideración del resto de América.
Jugar al fútbol no se pudo y era algo que ya se sabía que sería muy difícil de hacer. La altura jugaba un papel preponderante y no sólo pensando en llegar con fuerzas a cerrar el partido, sino también en lo que se viene que es tanto o más importante que lo que estaba en juego anoche, porque en casa, ante Ecuador y al que sea, siempre hay que ganar.
Entonces se tuvo que ser inteligente. Y Uruguay lo fue, aunque le costó leer el partido, porque empezó muy bien parado en mitad de cancha, encontró el gol de pelota quieta y había que defenderlo corriendo. Al comienzo se apuró y, quizá entusiasmado por el gol y también por los problemas que veía en la defensa rival, se dejó ganar por la ansiedad y abusó del pelotazo. Así se desgastaron los puntas rápidamente, pero los gritos del banco pidiendo tranquilidad llegaron a destino y, de a poco, empezó a correr más la pelota que los celestes.
A Uruguay le faltó explosión, es verdad, pero Christian Rodríguez cumplió una labor mucho más defensiva que ofensiva y porque, si acaso, el principal error fue que el balón en la salida pasó más por los pies de un errático Gargano que por los del "Cebolla".
De cualquier manera, el primer tiempo se jugó más en cancha colombiana que uruguaya y eso es mucho decir.
Uruguay siguió buscando jugar con inteligencia, pero los pases empezaron a fallarse con más frecuencia porque a esa altura las ideas no llegaban a las piernas. Entonces hubo que salir a "pelear" el partido, a jugar con garra, a morder cada pelota y algún tobillo también. Porque se ganó, pero en forma muy especial. Fue en la noche que se ganó con "la nuestra".
1 Bien parados
Dos líneas de cuatro bien paradas para quitarle espacios al rival
Era básico que el equipo se parara bien desde el primer minuto en la mitad de la cancha, allí donde si normalmente se deja tocar a los colombianos resultan imparables. Este equipo "cafetero" dista mucho de aquellos que movían el balón de un lado al otro hasta meter el pelotazo punzante entre líneas, pero Uruguay nunca se "regaló". Puso dos líneas de cuatro bien definidas en donde lo fundamental era defender y el rival no tuvo espacios, debiendo recurrir a largos pelotazos.
2 Juego aéreo
Colectivamente se trabajó para que los "lungos" se impusieran
El gol de la victoria llegó de cabeza y no fue casualidad. Uruguay ganó toda la noche en el juego aéreo, pese a que Colombia también tuvo jugadores de buena estatura. Y en esto hay que darle méritos al cuerpo técnico. No sólo se trató de que Eguren, Lugano o Godín se elevaran más que el resto, sino que en el bloque defensivo se hicieron los movimientos necesarios para que alguno de ellos saltara con libertad. En esto también Uruguay creció colectivamente.
3 Los zagueros
El triángulo final fue la zona más firme que tuvo el equipo
Los grandes logros históricos de Uruguay se basaron siempre en tener un triángulo final sobrio, recio, expeditivo y dominante. Y anoche la celeste lo volvió a tener. Juan Castillo cortó centros con gran solvencia y se jugó la vida varias veces para salvar su arco, eso en las pocas veces que los Diego -Lugano y Godín- dejaron pasar alguna, porque se impusieron por arriba y por abajo, en el caso de Godín incluso pasando al ataque con decisión para sacar al equipo de atrás.
4 Las bandas
A los laterales les ganaron con relativa facilidad las espaldas
Si hubo un aspecto no deficitario, pero al menos preocupante, fue el rendimiento de los laterales. No se puede decir que fallaron, porque en definitiva una defensa que mantiene el cero en su arco cumplió su papel, pero sí fueron los que tuvieron más problemas. Ni que hablar cuando el mediocampo se cansó en el complemento, pero ya en la primera mitad hubo errores. Tanto a Bruno Silva como fundamentalmente Jorge Fucile les ganaron con relativa facilidad la espalda.
Sin enganches a la orden
Llamó la atención que el maestro Tabárez prefiriera no tener entre los suplentes a jugadores que podían cuidar la pelota, ya que Ignacio González y Robert Flores quedaron fuera del banco. En el caso del primero se esperaba que ocurriera, porque el técnico ya había adelantado que dudaba incluso de su convocatoria porque no tenía club, estaba sin actividad y en los últimos días tuvo la cabeza en otra cosa. Finalmente, arregló con Valencia, que lo cedió a préstamo a Newcastle, y fue convocado, pero está claro que le falta fútbol. Los otros que quedaron fuera de la convocatoria son Martín Silva, Diego Arismendi y Jorge "Japo" Rodríguez.