JORGE SAVIA - EN BOGOTÁ
Partiendo del presupuesto de que los puntos que perdió Uruguay en el Centenario tiene que salir a recuperarlos de visitante, el partido de hoy para los celestes es una oportunidad de empezar a cumplir con ese trabajo.
Cuidado, no es una gran oportunidad. Ni siquiera una buena oportunidad. Hay que ver que el partido se juega en los 2.600 metros de altura de Bogotá y mientras Jorge Luis Pinto le dijo a Ovación que "el jugador del Sur sufre jugando en la altura y nosotros vamos a poner un equipo adaptado a esas circunstancias", y el entrenador celeste en cierta medida después "retrucó" que "respetando al rival, no creo que Colombia tenga dos equipos distintos según juegue en la altura o en el llano; he visto las formaciones que puso hasta ahora y han tenido pocas variantes", lo cierto es que al margen de ese "contrapunto a la distancia", Uruguay por Eliminatorias nunca ganó en la capital colombiana.
Ese detalle no es fruto de la casualidad. Y no hay que darle la espalda. Sin embargo, ocurre que en las tres últimas ediciones de las Eliminatorias, "cafeteros" y celestes se enfrentaron tres veces en tierras colombianas: una en Bogotá, cuando dirigía Passarella y las restantes en Barranquilla, donde se juega a nivel del mar, pero con 45 grados de temperatura y 98% de humedad en una cancha que además tiene el césped muy alto.
Pues bien, la estadística también dice que en Bogotá los celestes perdieron por un resultado apretado -después que hubieran podido terminar el primer tiempo ganando, si no fuese porque a "Marujo Otero le anularon mal un gol, y que durante el segundo tiempo Passarella se equivocara, sacando a Giacomazzi, el que había puesto un tapón en el mediocampo que impedía que los locales se acercaran al arco visitante- y en Barranquilla, en cambio, ya al cabo de los primeros 45` se fueron al vestuario "muertos, vapuleados y goleados".
Quien vivió "in situ" ambas situaciones cree tener cierta propiedad para pensar que esta "franquicia" que otorga Colombia, hay que tratar de aprovecharla. Ojo, no es fácil, por la altitud de la capital colombiana. Como tampoco lo es porque el local está tercero en la tabla de posiciones, va invicto y sumó dos puntos más que el cuadro de Tabárez, con el agregado que le ganó bien a Argentina.
De todas formas, también surge una luz de esperanza, porque si bien podría relativizarse el pensamiento de Tabárez en el sentido de que "tenemos el 300% más de goles que Colombia, porque parece que el funcionamiento defensivo es prioritario cuando se juega de visitante, de la misma forma podría hacerse otro tanto con lo que advirtió Pinto en el sentido de que "tenemos una de las mejores defensas de las Eliminatorias", ya que su equipo jugará de local y cuando sucede eso lo más importante es la eficacia del ataque, lo real es que Uruguay enfrenta a un rival al que le cuesta hacer goles.
Por ahí, parece pasar una de las claves del resultado: por la forma con la cual Uruguay saldrá a tratar de empezar a cumplir ese trabajo pendiente de rescatar de visitante los puntos que perdió de locatario.
Si sale a jugar "de igual a igual" sino es "boleta" seguro, acá en la altura, y con el correr del partido, corre el riesgo de terminar regalando espacios que pueden resultar letales.
En cambio, si Uruguay sale a ganar, pero respetando a la altura tanto o más que al adversario, achicará los caminos de llegada a un conjunto que no se viene caracterizando por vulnerar con facilidad y contundencia las vallas adversarias.
Esa es "la oportunidad", entonces, de empezar a realizar un trabajo de rescate de puntos perdidos. Que no es "una gran oportunidad. Ni tampoco "una buena oportunidad". Es sólo "una oportunidad", ante la cual los celestes deben ser inteligentes para encontrarle la vuelta de aprovecharla.