Testimonios recogidos ayer confirman las denuncias realizadas por tres estudiantes al fiscal de Policía, Héctor di Giácomo, acerca de abusos físicos y psicológicos en la Escuela Penitenciaria del Comcar.
Las declaraciones coinciden en que en ese centro se hace instrucciones y ejercicios durante largas horas; los estudiantes corren varios kilómetros y se arrastraron por el barro durante las lluvias del miércoles 27 y jueves 28 de agosto y que varios alumnos sufrieron lesiones musculares por los intensos ejercicios físicos a que los sometieron dos instructores.
Elbio A., hermano de una estudiante penitenciaria, relató a El País que vio a su hermana cuando ésta tuvo siete horas libres el sábado 30. "La dejaron salir al mediodía de ese día y a las 7 de la tarde tenía que estar otra vez en al escuela", explicó Elbio.
Expresó que su hermana "tenía la cara toda lastimada, hacía muchas horas que no dormía porque debió hacer guardias y tenía lesiones en los codos y rodillas. Yo mismo debí curarla".
Al igual que lo manifestado por otros estudiantes, Elbio confirmó que los instructores acostumbran a insultar a los reclutas.
El País logró ayer ubicar a una alumna de la escuela penitenciaria, quien relató que el lunes 1° ingresaron al Hospital Policial otras tres estudiantes con infecciones urinarias por el frío recibido por hacer ejercicios bajo la lluvia. También confirmó la existencia de insultos por parte de oficiales.
ADAPTACIÓN. Ayer el cronista de El País dialogó en la escuela penitenciaria con cuatro estudiantes, quienes rechazaron las acusaciones de malos tratos emitidas por sus compañeros al fiscal Di Giácomo.
Uno de los alumnos explicó que las denunciantes sufrieron un problema de adaptación, ya que denunciaron abusos a las pocas horas de haber ingresado a la escuela.
Otra estudiante dijo que la formación y los ejercicios físicos que deben hacer los prepara para enfrentar a los reclusos, y que si estos se suavizan -como ocurrió porque las autoridades carcelarias consideraron que podría haber excesos- no podrán afrontar momentos de crisis en una cárcel. Otra alumna dijo que los insultos eran menores que los que recibió cuando trabajaba en una planta pesquera.