Madres de niñas reclaman orden de restricción

RENZO ROSSELLO

La sombra del abusador planea sobre el Nuevo Capra. Las ocho madres que denunciaron el caso se proponen entregar pruebas a la Justicia. El lunes llevarán a sus hijas a pericias psicológicas. En tanto, nadie vive tranquilo en este humilde barrio.

"Nosotros también tenemos miedo porque, en realidad, no los podemos proteger a nuestros hijos", confiesa Hilda Pereira, una de las madres de las ocho niñas de entre 4 y 12 años que fueron víctimas.

Hilda además trabaja en el CAIF de la zona, un centro que atiende a 59 niños y a través del cual los padres de las niñas consiguieron asesoramiento técnico y legal. De esa manera lograron contactarse con la ONG Infancia y Adolescencia Ciudadana (IACI), especializada en casos de abusos y malos tratos contra menores. "El lunes vamos a llevar a nuestras hijas a pericia psicológica, para que personas calificadas que no son las madres puedan certificar que las chiquilinas están diciendo la verdad", explica Hilda.

Ni ella ni las otras madres consiguen ocultar su indignación por la decisión de la jueza Graciela Gatti que, en su opinión, las expone a un peligro inaudito.

También pidieron a la dirección de la Escuela N° 139, a la que van todas las niñas involucradas en el caso, un informe pedagógico que será elevado a la Justicia.

"Queremos conseguir una orden de restricción en el barrio y en la escuela. No podemos permitir que este tipo ande suelto y amenace con atacar a nuestras hijas, estamos dejando de trabajar para cuidarlos, los niños dejan de ir a la escuela porque tienen miedo", dice Hilda Pereira.

pesadillesco. El barrio Nuevo Capra. Una cuadrícula de 30 manzanas, calles de tierra y casas levantadas a fuerza de tesón. Un barrio como otros tantos en Montevideo, donde la vida cotidiana es tanto o más complicada.

Mientras el grupo de padres dialoga con El País, un coche patrullero atraviesa el pequeño puente que divide al viejo y al nuevo Capra. Uno de los agentes asoma la cabeza por la ventanilla y llama con absoluta familiaridad a una de las vecinas. Le pregunta por una calle del barrio y sigue su camino.

Mientras tanto, otra de las madres cuenta su peripecia. Se trata de Gladys Álvarez, es madre de una niña de 12 años que también estaba en el cumpleaños de los mellizos el 24 de agosto, donde para muchos de los niños la fiesta se transformó en pesadilla.

Gladys asegura que el hombre acusado de abuso ya estaba persiguiendo a su hija antes de la fiesta. "Desde el 16 de agosto que la está acosando a mi hija, le saca fotos con el celular, la iba a esperar a la escuela. Incluso le decía `te tengo en mi celular y te llevo a todas partes`, y en el cumpleaños también se metió con ella", relata Gladys.

Las madres aseguran que mientras ocurrían todas estas cosas en el cumpleaños infantil, había al menos seis personas adultas en la casa.

Eso también lo integrarán a la denuncia. "Ninguna de esas personas hizo nada", dice Ariana Pereyra.

Esperan que el celular incautado al hombre de 30 años, oriundo de Artigas y con al menos un antecedente penal (en el barrio aseguran que por un delito de homicidio en grado de tentativa), pueda aportar más indicios. Las fotos que tomó a las niñas no están en el aparato, pero confían en que puedan obtenerse de algún modo.

Madres y padres, en tanto, están dispuestos a ir hasta el final en el caso. "La Policía se está portando muy bien con nosotros, pero acá lo que está fallando es la Justicia", dicen los vecinos del Capra.

Un barrio hecho a pulmón

El barrio Nuevo Capra surgió como un asentamiento irregular hace 18 años. Concretamente el 18 de noviembre de 1995 cuando 20 familias ocuparon unas tierras baldías y entrampadas en una interminable sucesión. Actualmente, según datos del último censo, viven allí unas 3.560 personas, había entonces unos 740 menores cuyas edades iban desde los 4 a los 14 años y 260 cuyas edades iban de los 15 a los 19 años. Hoy son bastante más. El Nuevo Capra se levanta sobre unas 25 hectáreas y convive separado por un pequeño puente sobre una cañada que nace unos kilómetros antes en los Bañados de Carrasco. Todo ese predio fue adquirido por unos US$ 60.000 que las familias juntaron durante dos años en una cuenta del Banco República, con un aporte de $ 2.500 cada uno. Casi la mitad de los habitantes del Nuevo Capra, en su mayoría parejas jóvenes, son oriundos del interior del país.

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