PEÑAFLOR
Elba Muñoz es partera, pero dejó de traer niños al mundo para cuidar 143 primates que rescató de manos de traficantes, de circos y hasta de un laboratorio universitario. Además, protege a la única colonia de monos barrigudos que se ha reproducido en cautiverio en América Latina.
"Antes, éramos una familia de dinero y ahora somos una familia de monos``, dijo.
Mientras exhibe a una reportera su Centro de Rehabilitación y Rescate de Primates de Peñaflor, ellos la reconocen y emiten vocalizaciones de alegría. Ella les responde cariñosa, llamando a cada uno por su nombre.
Uno de los más expresivos es Pulito, un mono barrigudo que llegó de dos meses, pesando 350 gramos, el mínimo al nacer son alrededor de 500. Hoy es un robusto macho de 10 kilos.
Muñoz usa a diario 150 kilos de frutas y verduras. Compra 720 huevos por semana para hacer bolitas de trigo cocido, arroz y carne molida. A los más pequeños les da un extra de dos biberones de leche con cereales molidos, al igual que a los enfermos, como Esperanzo, un mono aullador argentino que llegó hace nueve años con graves deformaciones óseas y casi ciego por cataratas.
Antonio, un mono araña, llegó sin pelo, desnutrido y estresado. Hoy es el feliz líder de su colonia. Antes vivía en poder de traficantes. Muchos primates llegan heridos, con marcas de cadenas y correas, desnutridos, con los dientes cortados.
"Los monos que llegan están demasiado traumatizados y no podrían ser rehabilitados y enviados de vuelta a la naturaleza``, dice el biólogo del Ministerio de Agricultura Francisco Chávez. El Centro de Rehabilitación y Rescate de Primates de Peñaflor, en Chile, tiene dos sedes que albergan 10 especies de primates.
Unos 12.000 metros cuadrados en esta localidad 40 kilómetros al oeste de Santiago están llenos de jaulas unidas. El Centro no está abierto al público, sólo a los padrinos y a quienes ellos inviten. Muñoz prepara a una sobrina, a la que lleva a seminarios y encuentros internacionales, para que tome su puesto cuando falte. AP