El peso de las palabras que espantan amores perros

Gabo Ferro. "Amar, temer, partir", el cuarto disco del cantautor argentino

 20080830 448x600

SEBASTIÁN AUYANET

Con espadas del texto que calan hondo, el argentino continúa su militancia contra las relaciones de amor mentirosas valiéndose de dos juegos de cuerdas -las vocales y las de la guitarra- y una honestidad brutal, desgarrada.

Quizá si en la historia de Gabo Ferro se hubiera omitido su pasaje por Porco, la banda de hardcore con la que comenzó a hacerse como músico al principio de su carrera, la agresividad y frontalidad no serían tan evidentes en su música, menos aún si hoy sus días son de cantautor pura guitarra y voz.

Pero resulta que hay algo en la fuerza de muchas de sus letras y su voz -su registro con falsetes de trovador provenzal llega a picos inigualables y a veces perturbadores- que remite a la contundencia propia de esos géneros.

La primera canción de este, su cuarto trabajo y el primero grabado en vivo, se llama Ahí va tu cuerpo al fuego; y es un tema que presenta el ánimo de ruptura amorosa -con causas, desarrollo y consecuencias- que destilará todo el trabajo. La temática será recorrida capítulo a capítulo y con estructura casi guionada.

"Ahí va tu cuerpo al fuego. Que lo consume pronto, lo acaba sin tocarlo, porque a un cuerpo traidor no lo quiere ni el diablo. Ni el diablo, ni su fuego, ni el barro de un pantano pues a la vida que ahí vive tu cuerpo le da asco". Con líneas así, Gabo aplica su militancia calma y a la vez exorcizante contra los amores que se parten con la falta de honestidad, al tiempo que deja en evidencia el riesgo que corren los corazones sin coraza.

A veces enérgico y otras más reflexivo y contemplativo, profundiza su encare desde del amor con el romanticismo clásico expuesto en su anterior Mañana no debe seguir siendo esto (2007), es decir, proyectando desde la naturaleza. Frutos, ríos y animales se van apareciendo en el disco como metáforas siempre precisas.

La canción Volví al jardín es otra prueba de que hay una manera de hablar de este tipo de cuestiones de un modo más original que la linealidad del pop latino o el rock digerible. Temas como La casa, nuestros discos, le puede mover el piso a los adictos a películas como Alta fidelidad y a las relaciones truncas. El valsecito Que nuestra mirada retrata de forma angustiosa la incomodidad de los días que se comparten bajo un techo en común cuando la suerte está echada.

Es sencillo: el único tipo que habla con rigor de historiador de los problemas del amor posmoderno que contamina nuestros días es Gabo. Y lo hace sin necesidad de asesinar metáforas o de hacer ejercicios de autoindulgencia.

"Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profanado y, al fin, el hombre se ve forzado, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás", citaba Gabo a Marx y Engels hace tres discos. Hoy sigue llevando esa idea a la música. Y en poco menos de media hora, deja más de un argumento como para tomarse a estas cuestiones tan en serio como a la vida misma.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar