Un avión de la compañía Spanair se estrelló ayer segundos después de levantar el vuelo en Barajas con destino a Las Palmas. Un total de 153 de las 172 personas que viajaban en el aparato murieron en la peor tragedia aérea en España desde 1983.
Los forenses necesitan analizar el ADN de los familiares de 94 de los 153 muertos para poder identificarlos ya que están carbonizados, indicó el gobierno español.
Los equipos de medicina forense procedían desde la madrugada de hoy en el pabellón 6 del recinto ferial de Madrid (IFEMA) a identificar a los 153 muertos que provocó el accidente de un avión de Spanair que el miércoles se incendió durante el despegue en la terminal 4 del aeropuerto de Madrid.
El proceso de identificación se efectúa de dos maneras: por vía "dactilar", tomando las huellas dactilares, y haciendo tests de ADN, explicó en conferencia de prensa la vicepresidenta del gobierno, María Teresa Fernández de la Vega.
Por vía dactilar "59 personas pueden ser" identificadas, mientras que la identidad del resto, 94 fallecidos, deberá ser confirmada mediante pruebas de ADN que también se hagan a sus parientes, precisó la número dos del gobierno español, ya que los cuerpos quedaron calcinados y no se les pueden tomar las huellas.
Según un psicólogo de la Cruz Roja, la identificación también puede efectuarse mediante fotografías y raramente de forma visual.
En la tarde española ya había unos 50 cuerpos identificados que empezaban a ser trasladados del IFEMA al tanatorio madrileño de La Almudena.
Esta mañana se encontraron además en el lugar del accidente dos cuerpos que estaban desaparecidos, el de un adulto y un bebé, indicaron los bomberos a los medios españoles.
El vuelo era compartido entre Spanair y la aerolínea alemana Lufthansa. Estaba sobrevendido y al menos dos pasajeros se quedaron en tierra. Volvieron a nacer.
Cuando el aparato había ascendido sólo unos metros el motor izquierdo se incendió. Cayó a la derecha de la pista y sus restos quedaron esparcidos en unos 200 metros. Lo poco que quedó del aparato cayó sobre un arroyo, sobre el que cruza la pista. Los restos del fuselaje acabaron en una zona con árboles. Los restos del aparato se incendiaron y varias columnas de humo eran visibles en pocos minutos desde diferentes puntos elevados de Madrid.
El combustible que llevaba el avión, unas 15 toneladas, ardió y destrozó el aparato.
Los equipos de rescate que llegaron al lugar del siniestro describieron un espectáculo aterrador. "No queda nada que se parezca a un avión. Es lo más parecido que he visto al infierno. Los cadáveres estaban hirviendo".
"En el lugar del accidente hay un pequeño arroyo y estaba lleno de muertos", explicaba un guardia civil, aún tiznado de negro, que acudió al aparato.
Juan fue otro de los primeros en llegar al avión: "El cuerpo del comandante lo sacaron casi entero aunque carbonizado".
"Había cuerpos por todas partes, algunos desmembrados. Dos niños, de unos ocho o diez años lloraban ensangrentados. `¿Dónde está mi madre?`", preguntaban entre lágrimas.
El relato se produce una hora después del accidente en el punto en el que decenas de ambulancias esperaban a que Luis Ferreras, coordinador del SAMUR les diese paso. Este empleado salía abatido de la escena, con los ojos llorosos.
No todas las fuentes coinciden en por qué el comandante decidió abortar el primer despegue. Tres fuentes diferentes apuntan que se detectó un problema en el mismo motor que luego se averió. Sin embargo, la asociación de técnicos de mantenimiento (Asetma) sostiene que la causa del regreso fue un problema en el aire acondicionado y que fue resuelto antes de volver a tratar de despegar.
Los familiares de los pasajeros protestaron de la escasa información que ofreció la compañía Spanair, inmersa en una grave crisis desde 2003. Familiares de las víctimas se quejaban de la falta de información, que les remitía de un lado a otro, o a hoteles de los alrededores de Barajas.
A las ocho de la tarde, seis horas después de la tragedia, incluso familiares de miembros de la tripulación desconocían si había algún superviviente entre el personal del vuelo y la compañía no facilitaba ninguna información.
Los hospitales de Madrid trabajan a tope.
Fernanda llega al hospital Ramón y Cajal de Madrid, uno de los más cercanos al aeropuerto. Su hermana, trabajadora de emergencias, está ingresada con quemaduras, una pierna y una costilla rotas. Se salvó porque salió despedida del avión. Antes del accidente había telefoneado a Fernanda para contarle que el avión se retrasaba.
En el Hospital del Niño Jesús (uno de los hospitales infantiles de la capital de España) está uno de los niños supervivientes. "Ha sido un milagro del cielo. ¡Sólo tiene una pierna rota!", le cuenta por teléfono una enfermera a un amigo. Están a punto de operarlo. El hospital está buscando a los padres.
Varios tripulantes de Spanair lloran en la sala de espera del hospital de La Princesa. Una compañera suya iba de azafata en el vuelo. "Es un desastre". Mientras esperan a que los médicos les den noticias, les llaman por teléfono para contarles que otro de los tripulantes, también amigo de todos ellos, ha muerto.
Durante varias horas el aeropuerto de Barajas estuvo cerrado al tráfico para que los helicópteros de emergencia que transportaban agua pudieran apagar el gran fuego producido al incendiarse el combustible. Grandes columnas de humo pudieron verse desde Madrid y los canales de televisión, ya desde las 15.00 horas, fueron los primeros en transmitir las imágenes de esas columnas de humo, que eran visibles desde diversos puntos de la capital española.
Como los fallecidos ayer, unas 1.800 personas han muerto en grandes siniestros de la aviación en España desde 1970.
El aeropuerto de Barajas no había sufrido un accidente con muertos desde el 7 de diciembre de 1983, que causó 93 víctimas. El caos en Barajas fue total durante varias horas. En la torre de control los controladores seguían al final de la tarde de ayer apenados, en silencio: "Es un espectáculo dantesco, terrible", señalaban.
Poco después de las siete de la tarde, fuentes desplazadas al lugar del accidente describían así la situación: "Hay cadáveres por todos los lados, y también se aprecia el de un niño. Había dos, y es muy posible que el otro crío también esté entre los fallecidos".
El aparato se pulverizó
Antonio: "Vi a dos niños que estaban totalmente quemados"
Antonio es un trabajador de una empresa de mantenimiento que funciona en el aeropuerto. El hombre declaró a la Televisión Española que minutos después de ocurrido el accidente fueron reunidos todos los trabajadores para explicarles lo que había pasado, anticipando el desconcierto que reinaba a esa hora en la terminal aérea. Luego fueron conducidos hasta el lugar del accidente y nunca imaginaron que la escena que presenciarían sería tan dantesca. "Había gente muerta, gente herida, Guardia Civil, Policía Municipal y Bomberos", dijo. El trabajador mencionó que el avión estaba totalmente calcinado junto a un río cercano de donde se había estrellado. Pero no fue esta escena la que se le grabó en los ojos. "Yo he visto un niño carbonizado y otro que estaba fuera del agua también quemado. El comandante también estaba muerto, que hemos estado sacándolo".
Guardia Civil: "Es lo más parecido a un infierno que he visto"
Dos guardias civiles que volvían de la zona del accidente dijeron que los restos humeantes no se parecían en nada a partes de un avión. "No queda nada que se parezca, es horroroso, está todo quemado", dijeron.
La única palabra que tenían para describir lo que habían visto era horror, luego no querían ni hablar de lo que habían sido testigos. Pero uno de ellos, con la cara negra por el hollín tomó valor y dijo que la escena era "lo más parecido a un infierno que he visto, los cadáveres estaban hirviendo", expresó con dolor. Inclusive contó que algunos socorristas sufrieron quemaduras cuando intentaron recoger los cuerpos calcinados. "El avión estaba todo partido, todo estaba lleno de cuerpos", dijo otro trabajador. Para Luis Ferreras, jefe del puesto de espera de ambulancias ubicado junto a la zona del siniestro, muchos trabajadores no llegan a ver algo así en toda su vida.
En base a El País de Madrid y AFP