Autosolución operística

ALEJANDRO NOGUEIRA

Cuando un sindicato pierde los puntos de referencia, evalúa incorrectamente la realidad o la mira solamente desde la presunta validez de su reivindicación, pasa lo que siempre ha pasado en la larga historia sindical uruguaya: queda aislado, comienza a dividirse, se debilita y termina en una crisis interna que lleva tarde o temprano a una reestructura en su conducción. Esta no es una interpretación de derecha, ni de "patronal de izquierda"; es lo que siempre ha ocurrido.

No es otra que ésta la situación actual de Adeom que se ha malquistado con la población, con el resto del movimiento sindical, que es desacatado internamente y persiste, suicida, en una estrategia de huir hacia adelante que llevará a la autosolución del problema de este sindicato insaciable.

La cadena de supuestos que fundamenta su verdad rompe eslabones sin que la dirigencia de Adeom acuse recibo, aferrada al mástil que se hunde mientras diversos actores asisten con disimulado contento a que desaparezca de la superficie para que, al fin, vuelva a emerger un sindicato razonable y eficaz.

La lógica de Adeom no es exclusiva de Adeom, aunque en otros gremios se manifieste más atenuada: el papel del sindicato es exclusivamente reclamar mejoras sin fin para sus trabajadores sin sentir la más mínima responsabilidad por lo que esos trabajadores devuelven a la comunidad. Esto es especialmente grave en los sindicatos públicos, a salvo de despidos y de otros avatares que afectan y tornan prudentes a los sindicatos del sector privado, porque estos reciben sueldos pagados por los ciudadanos y tienen a su cargo servicios destinados a la comunidad, por lo general esenciales y sin competencia privada.

Ese monopolio laboral y la ausencia de voluntad política de igualar las condiciones laborales de los públicos con los privados (sin descuentos, sin despidos, sin productividad) es parte del problema. El indisimulable parentesco político de los sindicatos públicos con el Frente Amplio y el abuso de las medidas sindicales en función de las internas políticas de la izquierda hacen el resto. Y los ciudadanos, rehenes de esta situación.

Adeom decidió dejar de lado, por ahora, la judicialización de su reclamo, donde tiene mejores chances que en esta estrategia de sembrar basura y hostilidad y, de paso, le hace un favor a la administración Arana que, frívolamente, desparramó los polvos que explican estos lodos, mientras el ex intendente pasa desapercibido y olvidado en una gestión senaturial tan deslucida aunque más inocua que la municipal. La compleja interna de la coalición de izquierdas lo salva de que Erlich le pase la cuenta.

La tardía decisión de la IMM de dejar fluir la lógica de la radicalización solo ha demorado la solución del conflicto. El argumento es más enrevesado que el de Il Trovattore, en cuyo estreno en el Solís comenzó el último acto de este conflicto que, como en muchas óperas, camina, ineluctable, conocido, a un final trágico.

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