FLORIDA | ALEXIS TRUCIDO
Antonella Cardozo tiene 18 años. Está con agujas y lana en mano. Su hijo Jesús Ariel, de 4 meses, tiene puestas prendas tejidas. Duerme en uno de los ocho centros comunitarios que funcionan en Florida, gestionados por Aldeas Infantiles SOS.
Ayer, mientras las principales autoridades de la organización internacional -que ya lleva 48 años en Uruguay - visitaban los centros, 1.349 niños del programa de fortalecimiento familiar eran asistidos por maestras y padres en diferentes barrios de tres ciudades del interior del país. Así se resume brevemente un amplio programa que funciona desde hace cuatro años en Montevideo, Salto y la capital floridense.
Sostienen, reafirman y hacen progresar la calidad de vida de este millar de infantes junto a sus familias. Fundamentalmente madres solas, sin sustento económico. Algunas, como en el caso de Florida, viviendo en asentamientos.
"Hoy es justamente eso lo que estamos mostrando", dice Daniel Miranda, director nacional de Aldeas Infantiles SOS.
Pese a toda esta tarea, los números de pobreza infantil no mejoran mucho en Uruguay y por eso Aldeas planifica la extensión del programa.
"Para 2009 pensamos llegar a los 2.000 niños. Tenemos una proyección para atender a 6.000 y estamos en plan de funcionar en Paysandú y Canelones, de acuerdo a los contextos de pobreza", anuncia Miranda.
BUEN RESULTADO. Tras una evaluación de impacto, se conocieron buenos resultados. "Los equipos que han participado en el programa y la comunidad de Florida han andado muy bien", afirma el director.
Es que comisarías, policlínicas barriales, el INAU, la intendencia local, las escuelas, profesores y maestros se suman en cada rincón, conformando una enmarañada red que prioriza la educación, la inserción laboral y el autosustento, más que el asistencialismo.
En ese plan, las madres amasan, cocinan, cortan, tejen, venden y hasta confeccionan mientras que sus niños estudian, se divierten, aprenden jugando y son cuidados responsablemente desde que se despiertan y también mientras duermen.
Además, estas cabezas de familia, se organizan en un comité en donde discuten, planifican y llevan temas a la mesa como sexualidad, lactancia e hidatidosis, entre otras preocupaciones que las aquejan.
El Centro Comunitario Avenida es ejemplo de ello. A sólo una cuadra está el "Sitio Pintado", un asentamiento que nuclea a gran parte de los 70 niños que son asistidos en el local ubicado en el hipódromo Irineo Leguisamo. "A las 8 abrimos. Acá siempre están las madres, colaboran en diferentes talleres: corte y confección, hilado en lana y promoción laboral. Son unas 14 más o menos. Cada una viene el tiempo que puede", cuenta la maestra Verónica Martínez.
Son las madres quienes consiguen a los docentes honorarios. "Ellas buscan prácticamente todo. Se hacen aliadas. Acá las orientamos y se recibe el aporte de Aldeas Infantiles y de muchas otras instituciones para que puedan avanzar", explica Martínez.
Blanca Nelly Méndez concurre al centro de Avenida desde que empezó . Aún con 47 años ha hecho una rica experiencia y también ricas comidas.
"Aprendí muchas cosas y tengo a mis hijos que vienen acá y son muy educados", señala. Vive en el asentamiento, pero afirma que el centro es su casa durante el día.
La cifra
6.000 Es la cantidad de niños que tiene proyectado atender Aldeas Infantiles SOS, informó Daniel Miranda director de la ONG.