BEIJING | EDWARD PIÑÓN
Por lo que había hecho en los 200 metros libre, cuando bajó el récord nacional. Por los antecedentes que tenía en los 100, porque llegó a los Juegos con el mejor registro de la natación uruguaya en esa disciplina. Por la confianza que él mismo se tenía para encontrar un huequito entre los 16 mejores de la disciplina, no había dudas de que la jornada olímpica le iba a deparar otra alegría a Martín Kutscher.
Sin embargo, como dice Ruben Blades, "la vida te da sorpresas". Y esta vez fueron de las malas para el uruguayo y frustrantes para quienes esperaban otro gran desempeño del menor de los Kutscher.
Lo increíble de la historia es que empezó nadando como un delfín. Volando en agua olímpica para tocar los 50 metros en segundo lugar, con una marca de 23"59 y tan solo a 9 centésimas del checo Verner que ganó esa primera etapa porque tiene la uña más larga. Nada, pero nada del mundo, podría hacer prever otro desenlace.
Pero fue dar la vuelta y de inmediato se vino una especie de tsunami para los sueños uruguayos. Kutscher perdió toda la potencia y fue como si alguien le hubiera tirado una red o lo hubiese atado con una plomada.
Brazada tras brazada fue perdiendo terreno hasta pasar del segundo al quinto lugar y perdiendo toda posibilidad de meter un registro nacional.
La desazón de la debacle en esos 50 metros finales la sacó a relucir casi en forma inmediata. Miró el tablero electrónico y quedó atrapado en el andarivel. Parecía no querer salir más del agua. Fueron segundos, pero seguramente le parecieron una eternidad.
El único aliciente que le queda es que en los Juegos Olímpicos de Beijing fue superior a 21 nadadores y no es un elemento para menospreciar si se toma en cuenta que a estos campeonatos vienen los mejores del mundo.
"Estoy mal, no sé qué pasó y (respira)… lo siento mucho". Jaqueado, utilizando a la toalla de amiga fiel para tratar de encontrar consuelo. Caminando lentamente, mirando a los ojos, pero casi sin ver. Así llegó a la zona mixta el nadador Martín Kutscher.
Casi no se mueve. Está como clavado en el piso, tratando de encontrar respuestas. Lanza lo primero que piensa cuando tiene los micrófonos delante: "No sé, capaz que pasé muy rápido los primeros 50 metros. Todavía no sé mis tiempos, pero me morí mal, pero mal mal. No hice lo que yo estaba pensando y subí mi tiempo como dos décimas".
Contiene la emoción. Pero dice: "Ahora me quedan cuatro años para entrenar y tratar de hacer lo que creo que soy capaz de lograr".
Sigue hablando, no precisa que se le pregunte nada. Quiere contar lo que pasó y tratar de que alguien le explique qué fue lo que le impidió bajar un nuevo récord nacional. "Estaba quieto, las piernas no querían más y me sentí mal. Estoy seguro que pasé fuerte en los primeros 50, pero después no sé qué fue lo que pasó".
Quiere encontrar una salida, un escape a este bajón anímico y por eso comentó: "Voy a tomarme vacaciones, porque voy a precisar unos días para reponerme, pero después voy a empezar a entrenar de vuelta".