Bolivia

Bolivia continúa internándose en su laberinto político, cada vez más intrincado.

Por una parte, la consulta popular convocada en Tarija, el lunes pasado, resultó en un alto porcentaje de votos -en torno del 80 %- a favor de un estatuto que propone una mayor autonomía para el departamento. Un resultado similar al conseguido por consultas de la misma naturaleza celebradas en el curso de los últimos meses por los otros tres departamentos que conforman la media luna del oriente boliviano (Santa Cruz, Beni y Pando).

Esos cuatro departamentos abarcan más de la mitad del territorio boliviano, suman un tercio de su población e incluyen algunas de sus regiones más dinámicas. Tarija, ubicada en la región fronteriza con Argentina y Paraguay, es uno de los departamentos de menor superficie pero concentra el 85 % de las reservas de gas natural del país. Los resultados de las consultas han contribuido a consolidar un bloque regional que busca fortalecer las regiones frente al poder central. Morales acusa a los partidarios de las consultas de ser separatistas, estos responden afirmando que no tienen intención de separarse de Bolivia y que las autonomías departamentales no dividen al país, sino que lo fortalecen.

Por la otra parte, el Senado de Bolivia, a principios de mayo, aprobó con los votos de la oposición un proyecto para convocar a un referéndum revocatorio que había sido presentado por el gobierno de Morales. Como resultado de esta maniobra política el 10 de agosto los ciudadanos serán convocados para responder si confirman en sus actuales cargos al presidente Morales y a los prefectos o gobernadores de los respectivos departamentos. Los prefectos de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija (a los que se les ha sumado el de Cochabamba) acaban de anunciar que no se someterán a la consulta del 10 de agosto.

El resultado de esta votación en el Senado, que parecería haber sorprendido a todos, es acentuar una situación política incierta: a la discusión sobre las autonomías, se suma ahora, el debate sobre la permanencia en el poder de Morales. Quien, como para tranquilizar las aguas, ya ha anunciado un juicio en el Congreso contra los prefectos opositores.

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