Encuentro incómodo entre Lula y Chávez

CLAUDIO FANTINI

El respaldo de Lula es una vitamina fortificante para Cristina Kirchner. No hay punto del arco político donde el presidente de Brasil no despierte respeto. Su imagen tiene una credibilidad con la que nadie puede competir en la región. Por eso su respaldo a la debilitada presidenta argentina sólo puede tener un efecto positivo. Cae bien a centro-izquierda y a centro-derecha. Que después no alcance para reestablecer el nivel de confianza que Cristina Kirchner dilapidó, es otro tema. Lo indiscutido es que un aval de Lula no tiene contraindicaciones.

Pero en las mismas horas, recibió también el espaldarazo de Hugo Chávez. Siempre exuberante y discursivo, el líder venezolano fue mucho más allá que su colega brasileño, y zamarreó con su oratoria a los productores agropecuarios que debilitaron al gobierno kirchnerista. Los llamó "oligarquía" y los comparó con el sector de Venezuela que intentó derrocarlo con un golpe en el 2002.

Esa alusión en boca de Chávez no debe haberle aportado mucho al matrimonio presidencial argentino. Al fin de cuentas, fueron los componentes de un discurso oficialista que resultó funcional al campo y no al gobierno, en el duelo por las retenciones. Además, mientras un abrazo de Lula sólo suma, el abrazo del exuberante líder caribeño es valorado sólo por una izquierda que, de todos modos, apoya al matrimonio presidencial. Pero cae mal donde la gestión K ha perdido terreno.

En todo caso, los pasos de Lula y Chávez por Buenos Aires dejaron otros apuntes ineludibles. Lo más sugestivo fue el modo en que la delegación brasileña se hizo rogar hasta que aceptó una reunión con el presidente venezolano. Por eso más allá de la amistosa gesticulación en público, quedó una doble sensación: Hugo Chávez fue a la Argentina principalmente por la presencia de Lula. Para que el gobierno local lo invitara, compró bonos argentinos por mil millones de dólares. Pero después encontró en la actitud de Lula, o bien un claro reproche o bien un notorio desinterés.

Para algunos analistas, el hecho de que Lula promueva el ingreso de Venezuela en el Mercosur a pesar de la reticencia del Senado brasileño, desmiente tal reproche o el supuesto desinterés. Sin embargo esto puede ser erróneo, porque sumar al país petrolero es estratégicamente importante, más allá del actual gobierno aposentado en Caracas. El Mercosur debe pensarse hacia futuro, y así lo piensa el jefe del Planalto. El problema del presente son las diferencias entre Caracas y Brasilia sobre la consideración de ese futuro.

En Buenos Aires, donde Lula expuso una visión sobre la región y el mundo que el gobierno argentino parece no entender, quedó claro que los empresarios brasileños tienen certezas sobre el presente y el futuro que sus colegas argentinos no pueden tener. Y sobre la integración, Lula volvió a promover asociaciones entre capitales privados, mientras que Chávez insistió con la asociación entre empresas estatales en el forzado encuentro tripartito de Buenos Aires.

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