ANDREA DURLACHER
El 8 de octubre de 2003, el auto que conducía Laura Ibañez fue chocado de atrás, en el semáforo de Luis Alberto de Herrera y la rambla. El impacto del golpe la llevó al andén de enfrente, donde chocó contra un auto que venía en sentido contrario. El accidente la mantuvo en coma 89 días y le produjo una lesión axonal difusa, que le afectó los sentidos y también el equilibrio. Hoy trabaja activamente para mejorar a nivel físico, además de desempeñarse como asesora contable en una empresa familiar. El día del accidente, para Laura, es su segundo cumpleaños.
El toro no ignoraría a un hombre de rojo en el camino, aunque le diga que es vegetariano. Nadie queda libre de la inestabilidad del mundo mortal, da igual cuántas prevenciones tome. Laura no fue la excepción: El 8 de octubre de 2003, a las diez de la mañana, volvía de la facultad manejando, y un auto la chocó de atrás. Esperaba, en el semáforo de Luis Alberto de Herrera y la rambla, estaba medio lluvioso. Por el empujón, cruzó al andén de enfrente y chocó contra un auto que venía en sentido contrario. Estuvo 89 días en coma. El culpable huyó, "pero el mundo es redondo", acota el esposo de Laura, no con ánimo vengativo sino con la paz del que resolvió dejar de pensar en lo que no puede resolver.
REGRESO AL EQUILIBRIO. Desde el año 2004, Laura está abocada a recuperarse físicamente, tras el accidente. La carga horaria es como un entrenamiento, pero a la inversa, a medida que evoluciona precisa menos horas. La urbanidad cambia su tono: el esposo recuerda la puerta corrediza de la Española. Ella, la primera vez que, tras el accidente, tuvo que bajar el cordón de la calle.
"Cuando volvió a la casa no había nada de equilibrio": el esposo comenta, tan absorto en el accidente que no percibe la falta de contexto de su frase. En la primera oída, parece referirse a la inestabilidad de la vida misma, no a si Laura caminaba derecha o no.
"Todo es cuestión de práctica, es como empezar a caminar": Ella pensaba que había pasado tanto tiempo estudiando, para tener que aprender actividades sencillas, otra vez, como cortar la comida: "Primero es el cuerpo, después la mente, y finalmente la parte del espíritu, poder dar un mensaje al que atraviesa algo parecido". "Metele los kilos": aconseja, en el sentido de dedicar el total del cuerpo para obtener resultados. El optimismo de Laura, para ser productivo, debe fundarse en la realidad: "No es que vas a salir. Esto pasó, lo bueno es asumirlo y tener apoyo".
EL MIEDO A LO BANAL. En la empresa familiar está haciendo la tarea de una especie de auditor. "Es imposible, por ahora, mantener una rutina y acá, en Uruguay, no tenés ninguna rehabilitación que te lleve de vuelta a eso".
Laura adora correr, ahora lo práctica en la piscina, con la hidroterapia, para lograrlo afuera: "El agua te ayuda, te olvidás de la falta de equilibrio, adentro caminás y hasta corrés". Convirtieron al 8 de octubre, día del accidente, en un segundo cumpleaños: "Fue una manera de convertirlo en un tiempo alegre, no recibo regalos, pero sí llamados".
Más que ver todo por encima, tras la experiencia al límite, Laura valora mantener la firmeza y no perder la capacidad de centrarse en la cotidianeidad: "Yo tenía miedo de volver a la vida y que todo me pareciera banal e insignificante, por suerte es al contrario, me sigo molestando cuando mis hijos tiran algo al piso o no hacen los deberes, ¿me iba a convertir en una madre permisiva? No".
La historia de Laura es otra muestra de que el refugio del hombre ante la inestabilidad, inevitable, es la solidez de los vínculos y del carácter. Está en cosas, tantas veces descuidadas, por cinismo, o por un concepto equivocado del sentido de la vida, como el amor incondicional de la familia, el matrimonio como institución creada para la realización personal, que resiste los contextos más adversos, la intención real de aceptar la realidad tal como está dada, y trabajar con ella, el enfrentamiento a los problemas, la perseverancia y el placer de la obtención de logros pequeños. Amor y trabajo, dos respuestas infalibles, ante la humanidad que está sola ante su destino, o tan acompañada que no puede entenderlo.
Perfil
Nombre: Laura Ibáñez
Edad: 43 años.
Profesión: Contadora, asesora una empresa familiar
Otros datos: En 2003 sufrió un accidente automovilístico y hoy trabaja para poder recuperarse.
El verbo "recuperar"
Para la Real Academia, "recuperar" significa: "Volver a tomar o adquirir lo que antes se tenía". Pero el tiempo cambia al mundo. Encima, no le preocupa el afán humano de preverlo todo. Una oración dice: "Señor, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar; valor, para cambiar aquellas que puedo; fortaleza para alejarme de lo que no puedo aceptar ni cambiar; y sabiduría para reconocer la diferencia entre las tres". El proceso de Laura de insertarse en la vida revela que la felicidad no está en la ceguera, en la evasión intencionada de los problemas, sino en confrontarlos. Lo que se elige y lo que no, todo es propio.