GUSTAVO TRINIDAD
"Todo el barrio está muerto. Era un muchacho buenísimo, ahora la familia quedó destrozada y nosotros también, este dolor no se arregla con nada", comentó Avelino, un vecino del Cerrito de la Victoria, amigo del joven asesinado durante una rapiña.
Avelino realizaba ayer una colecta para comprarle una corona que, de alguna manera, represente la solidaridad con el sufrimiento de la familia.
Tres jóvenes de 16, 18 y 21 años estaban detenidos en la División Homicidios y hoy vuelven ante el juez. Al menos uno fue reconocido por el padre de la víctima como quien efectuó los disparos que terminaron con la vida Diego Gerardo Ávila Vega, de 26 años.
Diego atendía el mostrador del pequeño salón montado en una parte de la casa de familia ubicada en Juan Rosas 4354 esquina Chimborazo.
Poco antes de cerrar el comercio llegaron tres rapiñeros. Dos se quedaron en la puerta y el otro encañonó a Diego. Su padre estaba al fondo en otra pieza de la casa, y escuchó: "dame la guita". Inmediatamente la voz de su hijo que respondía: "no te doy nada".
El padre comenzó a correr hacia el frente de la casa al tiempo que escuchaba dos detonaciones. Cuando llegó al local Diego agonizaba en un charco de sangre.
El delincuente ya huía disparándole varios tiros también a él, pero no lo alcanzó. La tragedia en cambio ya había caído sobre la familia. Una emergencia médica constató lo peor. Un disparo había atravesado el cuello de Diego.
La jornada que terminaba como una más, se llenó de gritos, corridas, llantos y sirenas. Móviles de Radio Patrulla, Homicidios y la Seccional 12a. recababan a contrarreloj los pocos datos físicos que pudo aportar el padre de Diego. En San Martín rumbo al Barrio Borro ubicaron a tres jóvenes que viajaban en un ciclomotor rojo similar al que habían visto varios testigos. Así fueron detenidos. Ninguno tiene antecedentes penales, pero uno fue reconocido por al padre de Diego.
DOLOR. Ayer los vecinos se paraban frente al local cerrado como tratando de entender la tragedia. En la puerta un cartel indicaba la hora del sepelio.
"Es un negocio familiar que tenían hace años, trabajaban los tres, yo iba todos los días. Siempre te atendían bien, de buen humor. El botija era excelente. Pero esto se veía venir. Acá cae la nochecita y puede pasar cualquier cosa. Este era un crimen que la inseguridad del barrio venía anunciando. Hay lugares a tres cuadras de acá, atrás de la viviendas, donde un patrullero solo no entra." expresó Avelino.
Cuando se le pregunta a Mary por la seguridad, asomada por una pequeña ventanita en su kiosco a metros de donde ocurrió el crimen, se limita a mostrar las rejas que la rodean. "Según la ministra vamos bien. A mí me rapiñaron tres veces con cuchillos y con revólveres pero debe ser la `sensación` nada más", ironizó Mary.
"Yo no puedo salir después de las seis de la tarde. Ya me robaron dos veces en la calle y en una me tiraron. Ahora no salgo y si tengo que salir me llamo un taxi, pero no siempre puedo así que vivo presa", contó Esther que había ido hasta la puerta del comercio a ver a qué hora era el sepelio. Una casa abandonada y casi destruida frente al comercio asaltado es señalada por los vecinos como un escondite de delincuentes y también como un "fumadero" de pasta base.
"Los vemos entrar a drogarse y a veces entran corriendo, es porque roban y se esconden ahí", aseguró Esther. En el Club Social Isabela unos 15 vecinos no hablaban de otra cosa. "Somos el cuarto país más seguro, parece joda", dice el cantinero con una sonrisa irónica. "Acá salís y en la vuelta tenés 20 bocas de drogas, te roban en la calle y ni denunciás. ¿Qué le vas a decir a la Policía?, si no tienen ni patrulleros, acá el tema es la ministra", expresó.