La vuelta al mundo en 360 libros

| Banda Oriental. Muchos de los best sellers nacionales se presentaron por primera vez en la colección antes de llegar al gran público Clásicos, contemporáneos, populares y cultos, en catálogo

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El País

RENZO ROSSELLO

Desde hace 30 años, todos los meses, algo más de 3.000 uruguayos reciben un libro en su casa. Los clubes de lectores existen en varios países, pero tal vez en ninguno haya perdurado tanto. Una especie de milagro uruguayo que se perpetúa.

"La colección tiene la edad de mi hijo", dice con orgullo en duplicado Alberto Richieri (56). Es el socio número 64 de Lectores de Banda Oriental, uno de los más antiguos que sigue acompañando ese pequeño milagro mensual de abrir un libro nuevo y viajar a otros mundos.

Richieri es comerciante, vive en la vieja casa familiar de Pocitos, donde se crió y se convirtió en cabeza de familia. Hoy es un lector apasionado, incluso un escritor en ciernes, una consecuencia esperable para quien se deja seducir por las letras. Pero no siempre fue así.

"En casa no había libros, no se leía. Cuando yo era estudiante era muy haragán para leer. Mi padre, que era colorado, leía El Día. Mi madre y toda su familia, que eran blancos fanáticos, leían El País, y eso era todo", recuerda ahora.

Pero hubo un momento en su juventud en que sintió el llamado de la tinta y el papel. Tuvo que ver con ello una de las figuras mayores de la literatura uruguaya. "En preparatorio de química me tocó, nada menos, que Idea Vilariño como profesora de literatura y fue gracias a ella que se me despertó el interés por leer", dice Richieri.

En 1978 Richieri tenía 26 años, se había casado hacía apenas tres años y ese mismo año fue padre. La dictadura echaba sombras de sospecha sobre todo lo vinculado a la cultura. En contrapartida, muchos uruguayos buscaban en ese espacio la bocanada de aire que no se colaba por debajo de otras puertas. Y Richieri pronto se convirtió en uno de ellos. "En buena medida puede decirse que soy un montevideano típico de aquella época: escuchaba Sarandí, la 30, era socio de Cinemateca y bueno, fui uno de los primeros en ser socio de Lectores", dice.

"Trabajaba en horario cortado en esa época. Tenía dos horas de ómnibus todos los días, siempre me llevaba uno de los libros de la colección para leer en el viaje. Y así se formó mi biblioteca".

Y cuenta cómo descubrió a Henry Trujillo, uno de los autores recientes que ha cosechado más elogios de la crítica especializada. "El primer libro de él tenía un título que me pareció espantoso: Torquator. Ahora admito que por puro prejuicio lo tuve mucho tiempo en el estante. Después de un tiempo lo leí y me encantó, me pareció una maravilla. A veces pasa eso con los libros, hay que esperarlos un poco", dice Richieri.

DE BOLSILLO. En septiembre próximo "Lectores de Banda Oriental" celebrará sus 30 años. Para ello se propone lanzar una colección limitada muy peculiar, bajo el nombre "Leer es un boleto". Se tratará de libros de 48 páginas, en el mismo formato de la colección "Lectores", que se venderán en los ómnibus a $ 13 el ejemplar. Lo recaudado se volcará, íntegro, a ONG que trabajan con madres adolescentes y discapacitados. Otra aventura de papel para un sello que ya se encamina al medio siglo de vida en Uruguay, un dato que para el mundo editorial vale por sí mismo.

Una nación del lectores de este lado del río

Detrás de esa historia están los editores Alcides Abella y Heber Raviolo. Para muchos escritores se trata de los últimos editores "a la vieja usanza" que van quedando en el mundo, los que se sientan cara a cara con el escritor de turno y hacen algo más que firmar un contrato.

"Cuando decidimos empezar la colección era un momento muy duro para el país, y para nosotros en particular. Incluso bien podía pensarse que no era necesaria la colección porque para entonces ya teníamos 17 años de existencia como sello", cuenta Abella.

Casas editoriales, teatros, salas de cine, medios de comunicación eran periódicamente sometidos a los controles del gobierno cívico-militar.

"Se dedicaban a controlar la cultura de una manera muy arbitraria, en general no podíamos publicar ningún autor sospechado de ser de izquierda", recuerda Abella.

Esos eran los límites para una colección que pretendía reunir autores clásicos de la literatura, contemporáneos y nacionales. "El criterio con el que empezamos a trabajar fue el de libros de calidad para un público amplio", señala el editor.

Como meta de mercado los editores se fijaron alcanzar el número de 2.000 suscriptores. "Hablamos con Milton Schinca, que por entonces tenía el programa Boulevard Sarandí y los resultados fueron increíbles: al poco tiempo ya teníamos los dos mil socios", recuerda.

La colección cuenta por estos días con algo más de 3.000 suscriptores, muchos de ellos fieles lectores, que como Alberto Richieri esperan la novedad cada mes.

El formato de los libros de "Lectores" ha variado poco: un libro de bolsillo de poco más de 120 páginas. El diseño y el cuerpo de letra, ahora más grande, responden en cambio a los criterios actuales del mundo editorial internacional.

Heber Raviolo es en buena medida responsable de los contenidos y también de decenas y decenas de prólogos que acompañan cada libro. La mezcla de clásicos (Joseph Conrad, por ejemplo, es uno de los autores más editados por la colección) con escritores actuales y autores nacionales o latinoamericanos, es una apuesta en la que Raviolo tiene mucho que ver. "Por lo que nos hacen saber los lectores, los títulos son muy bien recibidos. Cuando hemos querido incluir títulos de historia o ciencias sociales, en cambio, nos llega el reclamo de los lectores que piden más literatura", comenta Raviolo.

"Lectores" ha si-do también la plataforma de lanzamiento de varios de los best sellers locales. El caso de Bernabé, Bernabé, de Tomás de Mattos, es uno de los ejemplos más claros.

Raviolo, parco en comentarios, concluye: "La experiencia de `Lectores` revela que la buena literatura resiste a todo".

360 ALMAS. El catálogo de "Lectores" es impresionante. Ya tiene 360 títulos que incluyen a: Gustave Flaubert, Balzac, Guy de Maupassant, Stendhal, León Tolstoi, Antón Chéjov, Nicolás Gogol, Alejandro Pushkin, Henry James, Virginia Woolf, Franz Kafka, Joseph Conrad.

Pero la nómina es generosa en autores latinoamericanos y, en particular, uruguayos. Y en algún caso los suscriptores tuvieron el raro privilegio de la exclusiva. Ése fue el caso de "El gallo de oro", de Juan Rulfo.

Raviolo leyó por azar este libro en Buenos Aires, en una edición mexicana. Poco después viajó a México, estaba en compañía del escritor uruguayo Enrique Fierro visitando una librería cuando de pronto vieron entrar a Rulfo. Raviolo se aproximó al ya legendario autor de Pedro Páramo y le planteó allí mismo la posibilidad de comprarle los derechos de autor de El gallo de oro para toda América Latina. Rulfo, paradojalmente un hombre de pocas palabras en el trato personal, conversó brevemente con Raviolo. Minutos después la negociación estaba cerrada.

La mezcla de clásicos, autores actuales, latinoamericanos y nacionales guarda algunas rarezas. El rescate de libros prácticamente inaccesibles colocó en el catálogo, por ejemplo, un autor que Ernest Hemingway consideró definitivo en su formación literaria. Es el caso de Ring Lardner y sus relatos de boxeo (El campeón y otros relatos), o de Francis Bret Hart y sus historias del Oeste (Los expulsados de Poker Flat).

En el otro extremo, un clásico como Joseph Conrad (El corazón de las tinieblas) se convirtió en una estrella de la colección: el récord de ocho títulos que ningún otro autor, clásico o contemporáneo, ostenta.

Pero tal vez uno de los méritos mayores en materia de rescates es el que el sello hizo con autores nacionales. Héctor Galmés fue un notable autor que de no haber sido por "Lectores" habría quedado irremediablemente olvidado luego de su fallecimiento. Un maestro del cuento y también de la teoría literaria como Enrique Ander-ssen Banchero, es otro de los ejemplos. Una tarea que "Lectores" promete continuar por varias décadas más.

Mario Delgado Aparaín: "Fue como una botella al mar"

Narrador y Periodista

"Para mí fue como una botella al mar", dice el narrador sobre la publicación de su novela La balada de Johnny Sosa en 1987. Descubierto por el autor chileno Luis Sepúlveda, el título llegó a Europa. "Luis me presentó a su agente literario, Ray Güde Martin, a mí, que nunca me había representado nadie. Al poco tiempo se editó en Holanda y después fue traducido a 14 idiomas", recuerda.

Felipe Polleri: "Banda es el sello más sólido que existe"

Narrador y Ensayista

"Es el sello más sólido que existe, tiene una política de autores uruguayos muy marcada y me parece que es de los únicos que van quedando", opina. Su novela Carnaval fue publicada en "Lectores", la primera obra suya que llegaba a una casa editorial luego de un par de ediciones de autor. "Crearon un público de lectores que se mantiene, con una buena selección de títulos y buenos criterios", dice.

Carlos María Domínguez: "Es el editor que ya no existe"

Narrador y Periodista

"De alguna manera Banda representa a un tipo de editor que ya casi no existe en el mundo: el editor que está en contacto con el autor. Hoy es un gerente, que tal vez con poca pasión lectora, se ocupa del mercado editorial", opina. Su novela La casa de papel fue publicada por primera vez en la colección y luego alcanzó reconocimiento internacional. Se tradujo a 18 idiomas, incluido el chino.

Leyendo al fondo que hay lugar

La colección de Banda Oriental tiene mucho que ver con algunos de los éxitos de venta locales. La novela Bernabé, Bernabé, de Tomás de Mattos, sea tal vez el ejemplo más claro de ello. El autor no era precisamente un desconocido cuando esa novela se publicó, por primera vez, en "Lectores". Cuando el sello la publicó para el mercado abierto escaló rápidamente al primer lugar en la lista de libros más vendidos. Las ventas alcanzaron una cifra que guarda pocos precedentes en el país: 18.000 ejemplares.

Las manos en el fuego, de Ernesto González Bermejo (fallecido en 1993) es otro de los títulos más vendidos en los anales editoriales uruguayos. Este libro testimonial, escrito como una no-vela de ficción, retrataba la vida de los presos políticos a través de un ex militante del MLN Tupamaros.

Los best seller a la criolla

La condición de best seller también alcanzó a libros no literarios. Tal el caso de La Historia de la sensibilidad en el Uruguay, del historiador José Pedro Barrán, dos tomos que fueron publicados entre 1989 y 1990.

La colección "Leer es un boleto" comenzará a salir a partir de septiembre. Se trata de una edición especial de 5.000 ejemplares, con el mismo formato y diseño que los libros de "Lectores de Banda Oriental", aunque se trata de libros de 48 páginas. Estos pequeños libros, hechos y pensados para leer en un viaje de ómnibus, costarán $ 13 y serán vendidos exclusivamente a bordo de los ómnibus. La iniciativa es apoyada por varias empresas privadas y todo lo recaudado será íntegramente volcado a ONG que trabajan con madres adolescentes y también con discapacitados.

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