DANIEL ROSA
Las oportunidades suelen tocar la puerta en el momento menos esperado. Hay cuatro chicos que dan fe de ello. Mathías Abero, Diego Rodríguez, Mauricio Pereyra y Álvaro Apólito se cambiaron en el vestuario de juveniles, bajaron a la cancha de Los Céspedes y les dijeron que no iban a entrenar. Se sorprendieron por ello, pero mucho más por la razón. Les dijeron que iban a practicar más tarde con el primer equipo.
Se miraban y no lo podían creer. "Al principio pensábamos que nos estaban haciendo una broma, pero después nos dimos cuenta que iba en serio", cuenta Pereyra. "Ya cambiados esperamos una hora hasta que vino el técnico, nos habló y nos dijo que desde ese momento íbamos a entrenar con ellos", dice Apólito.
"Fue una felicidad bárbara, porque el sueño siempre es llegar a Primera, pero en el momento también sentimos un poco de incredulidad", aporta Abero.
Distinta fue la historia para Santiago García. El "Morro" es el más chico de todos, pero el primero de los cinco que comenzó a trabajar con el primer equipo. Tuvo un muy feliz año nuevo. "A mí me avisaron el primero de enero que iba a entrenar con el plantel principal", recuerda. El delantero se había hecho famoso unos días antes, cuando todo el país vio en directo por televisión cómo se transformaba en el héroe de la Quinta división tricolor al anotar tres goles en la final ante Danubio y mandar la vuelta olímpica.
Estos cinco juveniles son la savia nueva de Nacional. Son los grandes proyectos que tiene el club y a los que va fogueando de a poco. Ninguno de ellos ha debutado en Primera división, aunque el que estuvo más cerca de ellos fue Apólito, quien calentaba para ingresar ante Rampla Juniors por la Liguilla cuando Mauricio Victorino pidió el cambio y Gerardo Pelusso debió poner a Pablo Melo. "Fue una pena. ¿Sabés lo que es ilusionarte con debutar en Primera y que no puedas hacerlo?", decía el técnico días atrás.
Ellos son la imagen del Nacional que se viene o, mejor dicho, que queda, porque habrá una gran sangría y, tal cual ha sido la política de la actual comisión directiva desde que asumió, se apostará a los jugadores del club. La impronta, por otra parte, ya se demostró recientemente con Bruno Fornaroli y anteriormente con Sebastián Viera, Juan Albín y Luis Suárez es algo muy rentable. Por eso desde hace un buen tiempo Gerardo Pelusso ha ido incorporando, paulatinamente, juveniles al grupo. Cuando llegó se encontró con que ya estaban Darío Ferreira y Nicolás Lodeiro, además de los ya consolidados a esa altura Pablo Caballero, Mathías Cardacio y el propio Fornaroli.
Así como se fueron incorporando algunos (los primeros fueron Adrián Compañ y Sebastián Coates, capitanes de cuarta y quinta durante la pretemporada en San José, quienes ahora volvieron a entrenar en juveniles), otros fueron quedando de lado. Tales los casos de Alejandro Rodríguez y Pablo Da Rosa, mientras que otros fueron a foguearse a otras instituciones, como Luis Oyarbide, Martín Cauteruccio (ambos a Central Español) y Jorge Ramírez (Progreso).
Ellos, más los que ya están y otras dos grandes promesas como Maximiliano Calzada y Facundo Píriz, quienes entrenan con la selección Sub 20, conforman el Nacional del futuro.
De volver a las formativas ni se habla. Ellos quieren seguir en el primero y triunfar, aunque dicen estar preparados si deben hacerlo. "Bajar siempre choca un poco, pero sabemos que es una posibilidad", admiten. De hecho termina la Liguilla y todos vuelven a entrenar con tercera y cuarta, pero con el sueño de primera a flor de piel.
La cifra
19 jugadores de Nacional han sido citados a las selecciones Sub 15, Sub 17 y Sub 20.